40.000 toneladas de acero insumergibles zarparon del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912.
A las 23,40 de la noche del 14 chocaron con un iceberg y a las 2,20 de la madrugada del 15 se fueron a pique al sur de Terranova, rumbo a Nueva York.
Murieron 1514 personas de las 2223 que iban a bordo, lo que convirtió a esta tragedia en el mayor naufragio ocurrido en tiempos de paz.
710 personas fueron rescatadas de los botes salvavidas y trasladadas a Nueva York por el RMS Carpathia.
Esta es la noticia fría, concreta, cierta.
Después viene el contexto para entender un poco mas y poder aprender una lección de periodismo.
No siempre es sencillo separar la ficción y el relato. En esos tiempos era imposible. Y se aprovechaban.
Lo primero que llama la atención es que los diarios de época dicen que el Titanic se hundió el 17 de abril de 1912. No el 14.
¿Qué pasó durante 3 días?
El telégrafo pidió auxilio hasta que el barco se hundió, pero como el Titanic era insumergible no se animaron a dar la noticia.
Cuando trascendieron los primeros rumores de la tragedia los medios no le dieron crédito. Cuando confirmaron las versiones las demoraron por influencia de las compañías de seguros, por la cantidad de multimillonarios que viajaban a bordo y porque algunas mercancías que trasladaba el buque viajaban de manera irregular.
Las primeras crónicas que se publicaron daban cuenta de la preocupante cantidad de desprendimientos de bloques de hielo que flotaban en la ruta de navegación.
Después, a pesar de que el Carpathia ya había atracado al puerto con los sobrevivientes, publicaban que el buque había tenido un accidente que le había provocado la rotura del timón pero que estaba siendo remolcado fuera de peligro.
Luego se reconoció la existencia de una lista menor de victimas y por ultimo, recién el día 17, aparecieron los titulares de la catástrofe.
Hoy sabemos todo y mas. Hacemos películas que ganan 13 oscares y consumimos todo tipo de fábulas heroicas pero, en su momento, fuimos vilmente manipulados.
Leo Di Caprio y Kate Winslet en los personajes Jack Dawson y Rose Witt Bukater de la película de James Cameron, fueron lo menos novelado respecto del barco, al lado del manejo de la información que hicieron los medios de comunicación por mandato del poder. Todo bailaba al ritmo del poder y los intereses creados. La información era el poder… y estaba en manos de pocos, muy poderosos que exigían privacidad hasta para ahogarse con sus amantes clandestinas.
“El imparcial” y “El Heraldo de Madrid” en España, decían que “el navío de los millonarios reyes del mundo tenía a bordo a personas que poseían entre si mas de 100 millones de libras esterlinas, la mas inmensa fortuna”
Y así podría llenar la semana escribiendo sobre la historia en torno al Titanic.
¿Cómo hubiera sido este episodio en la actualidad? Tanto que se habla hoy de los medios y su influencia sobre la suerte que corre la historia.
Afortunadamente, hoy el poder está en otro lado. Sigue estando en la información pero la información está al alcance de un click y la humanidad está on line.
Sólo tenemos que estar atentos, despiertos y con el deseo de no dejarnos engañar. El mar sigue teniendo témpanos pero ya no dependemos de la vista de un vigía visco y un telégrafo al que se lo apaga cuando conviene. Ahora tenemos el poder nosotros, los ciudadanos que viajamos en el mismo barco, no importa en la cubierta que lo hagamos.
Hoy tenemos un arma en un teléfono y podemos transmitir contenidos instantáneamente.
A veces veo algunos políticos tradicionales que siguen durmiendo abrazados al palco, la tarima, el atril y los micrófonos, dando discursos que hablan de historias centenarias insumergibles como el Titánic creyendo que así podrán reeditar campañas como las del siglo XX.
Se me hace que tocan el violín en la cubierta y no ven que van en sentido de colapso.
Me siento parte de los que tenemos mas preguntas que respuestas y mas dudas que certezas, parte de los que no somos “dueños” de un comité o unidad básica ni local partidario, parte de los que no tenemos mas que dos manos y una cara que ofrecer para ayudar a hacer lo correcto en cualquier lado. Parte del pasaje que vino a poner, no a sacar. Parte de los que intentamos no subestimar a los electores ciudadanos “receptores“.
Y no se trata de negar la importancia de los dirigentes “convencionales”, se trata de entender que en la política actual (por no decir nueva), los ciudadanos comunes, sentimos que somos importantes en los procesos cuanto mas participemos y podamos opinar sobre todo. ¿Por qué no?
En plena época de Internet todo está al alcance de un click, el rey está absolutamente desnudo y se le nota el relato cuando no es honesto y sincero. El que no se entera es porque no quiere.
La tele, la compu, los celus y la web les van a pegar otro palo.
La falta de comprensión sobre como funciona nuestra cabeza de “receptores” los va a sorprender una vez mas.
Seguiré con mis columnas.
En una de esas, todos, aprendemos algo.
No solo hay que tener botes salvavidas para todos. Además, no hay que chocar.... de puro soberbios.
Juan Martín Perkins.