“Para mi las Malvinas son argentinas porque me lo enseñaron en el colegio cuando era chico“.
Así fundamentamos a menudo nuestra soberanía sobre las islas, porque lo dice un manual.
Esta visión de adolescente sobre un tema doloroso nos acompaña a lo largo de la vida.
A mi nunca me alcanzó, ni siquiera en mis años de soldado, en mis años de inconciente.
Han pasado 35 años y veo con agobio como hemos simplificado y adecuado la historia para hacerla mas digerible y relevarnos de la responsabilidad que tenemos.
De lo que no se habla… no pasó, salvo que al poder le convenga, entonces todo se reedita de manera de manual Kapeluz.
Una vez fui invitado por el colegio de mi hija con motivo de la visita de un ex combatiente para escuchar una charla sobre Malvinas. Germán XX, soldado argentino clase 62. Personaje entrañable que quiere terminar su duelo de años de incomprensión, que se para delante de un auditorio que lo mira con sorpresa y que lo juzga desde la ignorancia total. Me sacudió fuertemente.
Me pongo en su cuero de soldado y me viene el recuerdo del miedo paralizante de esos días de movilización. Esa mezcla de orgullo patriótico con miedo frío y ansiedad de colimba autómata que no cuestiona nada en nombre de la patria.
A mi no me tocó ir, pero me he pasado la vida imaginando como hubiera cambiado mi estrella esa suerte.
Hoy tengo una visión polémica sobre Malvinas y no tengo ningún resentimiento con los ingleses.
Somos un país nacido de la autodeterminación. Le hicimos la guerra a la madre patria y nos independizamos. Éramos España y somos Argentina.
La autodeterminación de los habitantes de las islas Malvinas desde 1833 me resulta un hecho a tener en cuenta, sobre todo, luego de la torpeza de un grupo de ineptos que se jugaron nuestros derechos soberanos en una idea sin otra convicción que los intereses políticos de un proyecto personal.
Aún hoy se ensaya una explicación sentimental de la guerra. No la tiene, mucho menos racional.
Nuestra visión adolescente nos remite a todo tipo de justificaciones:
Inglaterra es una potencia naval imbatible. Nunca perdió una guerra, ni Napoleón pudo doblegarla. Son guerreros, hacen trampa, contratan mercenarios. Tienen un ejercito profesional, el apoyo de USA y varios etcéteras mas. Todo cierto, pero no alcanza para explicar una definición con semejante resultado.
El desamparo y abandono que sufrieron y SUFREN al día de hoy nuestros soldados es la razón de todos los resultados que obtenemos cotidianamente como sociedad.
Individualmente o en grupos pequeños podemos ser brillantes pero detrás de una GRAN CAUSA somos un desastre.
Un país en guerra requiere sangre, sudor y lágrimas, por citar un inglés que sabía de que hablaba. Nunca entendimos de que se trataba y seguimos sin entenderlo. Creímos que no vendrían porque quedaba en el fin del mundo.
Para nosotros sería un paseo patriótico que despertaría la admiración de nuestras novias, hermanas y madres. Ni hablar de nuestros futuros hijos.
Yo me anoté voluntario. Había hecho la colimba un par de años antes y todavía me quedaba algo de espíritu castrense.
A los 18 años no pensas, sos puro corazón. Un soldado de 18 años es mas fácil de manejar, esto explica porque llevaron a pelear soldados nuevos en vez de veteranos.
Nunca entré en combate, pero siempre supe que hubiera estado en condiciones de hacerlo y me atormenta soñar, a veces, que las primeras balas que salieran de mi fusil podrían haber ido a la cabeza del cabo Vega que me hacía arrastrar por la letrina cada noche sólo porque tengo apellido ingles.
Durante los ejercicios para ir a la frontera con Chile sólo quería que la rosca empezara de una vez. Eso es lo que logra el lavado de cabeza en los jóvenes.
La guerra nos transporta a un mundo de tinieblas y saca lo peor de nuestra condición humana.
Escuchaba la historia de Germán XX y me veía yo mismo diciendo las mismas cosas y callando el infierno para no incomodar. Desilusionado por no haber sido comprendido y acompañado.
Fuimos a Malvinas en invierno, no sea cosa de arruinar las vacaciones del pueblo solidario que teje bufandas y manda cartas y chocolates. No se dejó de jugar el mundial. ¿Cómo no íbamos a ir si teníamos un equipo de galácticos campeones del mundo? ¡y se incorporaba el Diego!!! (que tenía mi edad).
La guerra se perdió, no por el enemigo poderoso (que lo era), sino porque se hizo a la argentina.
Vietnam le ganó la guerra al país mas poderoso de la tierra. Nosotros, con nuestros jefes prometiendo volver victoriosos o con los pies para adelante todavía tenemos un sentimiento de vergüenza.
Todavía no hablamos, todavía no sabemos que pasó y nadie nos explica porque siempre todo se hace mal presumiendo de que se hace de la mejor manera y mintiéndonos hasta último momento.
Los ingleses, con todo lo patanes que son haciendo la guerra, nos dieron una lección y nos trajeron a casa derrotados pero con respeto. ¡Nos respetaron mas que nosotros mismos!!.
Es notable como entre soldados no hay resentimiento. Germán contó que un oficial ingles se paró en la escalinata de descenso del “Camberra” y le dio la mano a cada soldado argentino con un atado de cigarrillos y un “fue un honor haber combatido con soldados tan valientes” en castellano gringo.
Los soldados se respetan, pero acá se sigue transmitiendo a los niños un “manual” equivocado.
Tenemos que revisar nuestra visión sobre “los piratas” y eso de poner la culpa afuera.
Tenemos que mirar mas para adentro y hacer autocrítica.
Hoy recibí una invitación para una muestra en el Palais de Glace sobre “MALVINAS, arte, documento, historia, memoria y actualidad de NUESTRAS islas”.
Esta invitación me anima a escribir para resistir caer otra vez en la visión adolescente.
No voy a ir, por lo tanto hago mal en criticar sin ver, pero no puedo dejar de decir que la palabra “nuestras” es la prueba de que no aprendemos nada. Tiene olor a “dueños morales” cuando la escritura, el titulo de propiedad y la posesión la tienen los gringos.
Es como que el gol de “la mano de Dios” y la aparición posterior del barrilete cósmico que puso de rodillas a Peter Shilton en el área (y con el, a la corona británica en nuestro delirio) nos hubieran redimido. Hemos sido vengados y nuestros derechos reestablecidos en un campo de batalla de fantasía.
La guerra nunca ocurrió, sus consecuencias se ignoran y Germán XX, como tantos valientes, se arreglan como pueden.
Lo dijo el soldado Germán, “acostúmbrate a la espalda de la gente. En la argentina, la derrota no tiene padres“.
Agrego yo lo que dice la canción cuando sólo le pedía a Dios que la guerra no nos fuera INDIFERENTE porque es un monstruo grande y pisa fuerte.
Los argentinos llenamos plazas fervorosamente y damos vivas a Galtieri, pero cuando hay que arremangarse… vayan yendo que después los alcanza Magoya.
Por fin eso empezó a #Cambiar. Hay una luz de reconocimiento para ellos… que son nosotros.
Gracias Germán, gracias a vos y a todos los que fueron a Malvinas, a los que volvieron en el Camberra y a los que quedaron allá. En su patria.
Tienen mi respeto y gratitud.
Juan Martín Perkins.
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