El 25, desde temprano, recibí las mil y una versiones del himno.
La mas emocionante es la versión en guitarra, aunque la de granaderos también me hizo moquear; creo que por tanto tiempo de no verlos integrados a la sociedad participando de los actos.
Después de años me devolvieron el derecho de ver un tedéum en la Catedral con la presencia del presidente que llega caminando de la mano de la primera dama, como es tradición.
Aunque el obispo haga política desde el púlpito, (me molesta la política con sotana), celebro recuperar un país donde el arzobispado recupere el habla y el coraje para usarlo.
Celebro este país normal que está volviendo. Lentamente… trabajosamente. Por momentos desespero porque los avances son lentos pero otras veces me lleno de esperanza.
Vivo en la calle Lucio V. Mansilla pero cada tanto encuentro correspondencia en mi buzón que corresponde a la calle “Eduarda D. Mansilla”, su hermana. Mi pueblo tiene dos calles Mansillas que me inspiran para viajar a la historia y tratar de hacer un aporte a la argentinidad.
Me valgo de Doña Eduarda Damasia Mansilla Ortiz de Rozas de García porque creo que contribuye, hoy, a lo mismo por lo que tanto luchó en su época.
Eduarda Mansilla, además de ser una calle de mi pueblo, donde tienen la talabartería los hermanos Di Bin, fue una célebre mujer (1834-1892).
Escritora, periodista, de las primeras mujeres argentinas en trascender por su obra literaria.
Cito a Eduarda en el día de la Patria porque siento que necesitamos de su intención y de su impulso para ayudarnos a superar este momento tan difícil.
Imaginen la Argentina de esos años. Si ahora nos espanta “La Grieta”, traten de ponerse en contexto de Unitarios y Federales… esa si que era una grieta en la que se degollaba y paseaban por las plazas con las cabezas a punta de lanza.
Eduarda fue la sobrina predilecta de Rosas pero también, a puro talento literario y elección, amiga de Sarmiento.
Siendo de familia ultra Federal se casó con Don Manuel Rafael García Aguirre, Unitario, de familia leal opositora a Rosas. La prensa publicó la noticia del casamiento como la unión de Romeo y Julieta como si se tratara de un caso de Capuletos y Montescos.
Pues los hijos de ambos, representaron la fusión y el inicio de un nuevo apellido los García Mansilla de larga tradición hasta la actualidad. Unidos en la sangre fueron un testimonio claro para dar esperanza a una sociedad que se desangraba sin reconciliación.
Toda su vida trabajó en la unión de los argentinos. Amiga personal del presidente de EEUU Abraham Lincoln y de diversas personalidades notables, influyó con sus notas, ensayos y participaciones en los medios de comunicación.
Su marido, diplomático, embajador en Francia, coronó una tarea de años bregando por la repatriación de los restos mortales del General San Martín que estaban en Boulogne Sur Mer.
En estos días, gracias a mi hija mayor que estudia literatura, pasó por mis manos un texto de Doña Eduarda Mansilla donde relata, para un periódico de la época, la llegada de San Martín a la Catedral de Buenos Aires.
Me gustaría poder transmitirles la emoción que me provocó esa lectura.
La emoción tan bellamente expresada por una madre que ve a su propio hijo con uniforme militar llevando por las calles de Buenos Aires el féretro del Padre de la Patria después de 30 años de trámites, gestiones, discusiones políticas, egoísmos, envidias, mezquindades, traiciones….
Tuvo que morir Merceditas para que su marido, Mariano Balcarce, ministro plenipotenciario en Francia, autorizara el traslado a Buenos Aires.
Cuando lees a Doña Eduarda tomas conciencia de la vigencia de esos odios contra los que ella luchó para conseguir ese glorioso 25 de mayo de 1880.
San Martín llegó en el viaje inaugural del Vapor “Villarino” que arribó a Montevideo el 22 de mayo procedente del puerto de El Havre.
Fondeó en Montevideo ante amenazas de atentados, hasta que el 25 arribó escoltado por buques de guerra argentinos y el saludo con salvas de todos los buques que lo recibieron en Buenos Aires.
El presidente Nicolás Avellaneda, ese que la grieta de hoy sacó del acceso a Pehuajó, dijo al iniciar su homenaje: “Pocas palabras ante tan magno hecho”.
Pero este no es un homenaje a San Martín, lo que intento es rescatar la acción de Doña Eduarda y tanta gente que trabajó y trabaja en superar los odios y ayudar a unir a los argentinos que permanecen entrampados en los desencuentros.
La repatriación de los restos del gran General en 1.880 fue un paso muy importante para cerrar una grieta.
Cuando vi al presidente Macri inclinarse ante la tumba de San Martín y después escuchar la dura homilía del arzobispo, soñé con estar nuevamente ante una persona normal que hace lo mejor que puede para unirnos. A pesar de todo, de las críticas despiadadas, de los errores, de las demoras, las acusaciones, las sospechas… A pesar de los agravios y las amenazas.... ¡menuda tarea tiene este presidente!.
A pesar de los repudios a los que somos tan afectos en Pehuajó…
Pensé en nuestras ridículas rencillas chicaneras de Montescos y Capuletos de hoy y después busqué la versión del himno con guitarra que hacía llorar a mi viejo… y sentí un poco de vergüenza por lo que hacemos de este maravilloso país que Dios nos dio.
Pensé en los liderazgos negativos que construyen poder apelando a la discordia, dividiendo para reinar con teorías conspirativas y lucha de clases… y después pensé en los positivos como el de Eduarda…
Dios ilumine al presidente.... y a todos los argentinos para salir a la república y merecerla.!!
Viva la Patria!!!
Juan Martín Perkins.