domingo, 26 de junio de 2016

Siempre el mismo modus operandi. Memoria 12

Para iniciar la columna de éste domingo tengo ante mi una publicación de la época que muestra la imagen de un cheque con fecha del 23 de julio de 1975.
El cheque está firmado por María Estela de Perón (sin el Martínez) presidente de la Nación Argentina.
Cheque n° 511.964 de la cuenta corriente 44.219/66 del banco de la Nación Argentina, casa central.
La suma: 3.151.655.150 pesos moneda nacional.
La cuenta pertenecía a la “cruzada de solidaridad justicialista” y el único testigo de este acto fue Julio González (secretario técnico), quien tiempo después declaró que se trató de un error involuntario.
Fue un “error” de 3 mil millones de pesos viejos que resultaron insoslayables para los argentinos. Hubo una investigación que derivó en un pedido de juicio político para la presidente que la bancada oficialista trató de impedir por todos los medios y que finalmente, terminó cuando el juez federal Alfredo Nocetti Fasolino sobreseyó a María Estela Martínez de Perón.
En esa época los uruguayos ya pensaban que los argentinos somos todos chorros del primero al último.
El cheque fue solo una de las miles de irregularidades de la cruzada justicialista y te la cuento para entender de donde viene el modus operandi de los que siempre sostienen que sin plata no se puede hacer política. Eso los habilita a robar al pueblo en nombre del pueblo. Especialmente en nombre de los pobres.
Este episodio causó una profunda avería en el barco del gobierno, de donde las ratas empezaron a saltar cuando la nave empezó a hacer agua.
Violencia en las calles a manos del terrorismo, guerra en Tucumán, corrupción generalizada…. Un combo que ya tiraba alguna línea para entender que lo que vino en marzo del 76, no fue obra y gracia del Espíritu Santo.
La diputada María Cristina Guzmán, del Movimiento Popular Jujeño y otros 5 diputados agregaban los siguientes cargos al pedido de juicio político de la presidente.
Libros de contabilidad sin rubricar. Subsidios no ingresados. Donaciones privadas sin recibo. Fondos públicos sin rendir. Comprobantes objetables. Mandatos no acreditados. Retenciones y aportes previsionales no aportados. Cheques irregulares. Violación de ley de decretos. Abusos e irregularidades en las intervenciones federales. Atentados contra la libertad de prensa y falta de información oficial. Supresión del Habeas Corpus por decreto. Exorbitantes atribuciones conferidas al ministerio de Bienestar Social (López Rega, como el José López de Cristina y DeVido) El poder delegado a los sindicatos. Avasallamiento al federalismo. Designación de José López Rega en el servicio exterior. Conducción económica contradictoria. Confusión de gobierno y partido. Compra poco clara de avión presidencial. Ausencias reiteradas sin delegación de mando. Delegación indebida de facultades. Falta de decisión para tomar medidas contra la subversión……
Completita la señora presidente!
Mientras tanto, el 27 de agosto de 1975, en el aeropuerto Benjamin Matienzo de Tucumán, un avión Hércules del Ejercito sufre un atentado terrorista al despegar. Llevaba tropas de gendarmería cuando estalla una bomba colocada en la pista. El Hércules es devorado por las llamas y mueren 5 soldados.
El atentado contra el Hércules vuelve a golpear la conciencia del país. Mientra, los diputados discuten el juicio político a la presidente y el país espera en vano la ley de defensa. El ambiente era una fiesta para la subversión.
El Teniente Coronel Argentino Del Valle Larrabure de 42 años, ofrendaba su vida y su martirio después de un año de secuestro….
Si queres te puedo contar como se despacharon también a Cáseres Monié y su esposa Beatriz Isabel Sasiaín. A él, ex jefe de policía lo acribillaron en la emboscada sobre un puente en Entre Ríos y a ella se la llevaron y la asesinaron horas después luego de torturarla.
Puedo seguir con la carnicería pero la voy a dejar ahí por hoy para no cansar.
Mientras tanto, pasaba un ministro cada 25 días: López Rega, Robledo (defensa), Gelbard, Taiana, Llambí, Damasco, Corvalán Nanclares, Robledo (interior), Gonditi, Ruckauf, Benítez, Vignes, Otero, Savino, Gómez Morales, Puig, Cafiero, Mondelli, Unamuno, Saffores, Ivanissevich, Rocamora, Villone, Rodrigo, Roballos, Deheza (defensa), Arauz Castex, Quijano, Robledo (Relaciones Exteriores), Vottero, Emery, Garrido, Bonanni, Arrighi, Benítez, Demarco, Deheza (justicia), Righi, Guardo y Ares fueron los próceres que contribuyeron a perpetrar tan heroica faena y a los que les pagamos pensión hasta el día del juicio final.
El país se paró casi hasta morir.
Primero Gelbard, después Gómez Morales, Rodrigo y su Rodrigazo! Después Bonani, Cafiero y por último Mondelli.
Cada uno con su propio “shock” y cada cual mas imaginativo para hacer desastres con sus propias ideas para lograr mas y mas inflación.
El dólar hervía. Teníamos precios irreales para la exportación. Escalada de precios. Desabastecimiento. Fabricas que no podían hacer frente al costo de sus insumos. El país se quebró y entró en bancarrota.
Por primera vez en la historia se dio un paro total. Campo, Industria, patrones, obreros.
La asfixia llega a un límite intolerable.
En este marco el terrorismo se hacía una fiesta y el día menos pensado volabas por el aire en mil pedazos mientras esperabas el colectivo en la parada.
Hasta la semana que viene.
Jmp.

lunes, 20 de junio de 2016

Combate de Acheral. Memoria 11

Los argentinos no quieren creerlo pero hubo una guerra en Tucumán. Se luchó en la ciudad y en el monte.
Puedo ver una foto de la capilla ardiente en la que se vela a un soldado.
El general Edgardo Adel Vilas rezando ante el cuerpo de un soldado muerto es la prueba de una realidad dolorosa.
Uniforme de combate, fusil terciado en la espalda apuntando hacia el suelo, los dos solos, general y soldado ante la imagen de San Martín y el Cristo en la cabecera del féretro.
Releo relatos, testimonios, experiencias de dos periodistas de medios que entre septiembre y diciembre de 1975 estuvieron en el frente.
Es curioso, los que se autodenominan corresponsales de guerra hoy parece que la hubieran olvidado, pero en esa época contaban que había guerra y como en todas las guerras, las cosas sucedían rápido.
A mediodía, cuenta el corresponsal, cuando el sol es una gota de plomo fundido sobre las calles de la ciudad, cuando una muchedumbre desfila entre vendedores de abanicos mágicos, pilas, fósforos, cordones e indescriptibles costureros hechos de caracoles, un helicóptero los lleva a Acheral, donde ha estallado un combate. Nadie habla a bordo. Miran hacia abajo, hacia los cañaverales verdes y amarillos, hacia los campos prolijos e interminables.
Y tienen miedo, mucho miedo.
De pronto, otros ruidos inconfundibles los ubican de una vez por todas: a menos de 500 metros hay tableteo de ametralladoras, secos estampidos de fusiles FAL, disparos de pistola, humo de cohetes que parten de un helicóptero y revientan en los surcos. Están cara a cara con el horror de la guerra.
Los helicópteros vuelan sobre los surcos y los abren como una maestra revisando piojos entre los pelos de sus alumnos. Los camiones Unimog se bambolean por el terreno irregular y dejan a los soldados en posiciones estratégicas. El cerco se cierra sobre la patrulla subversiva, sorprendida una hora antes…
Uno de los helicópteros sufre una emergencia alcanzado por una bala de FAL en su sistema eléctrico y ha tenido que bajar en el centro mismo de la patrulla enemiga. El piloto ha salvado la máquina pero ha perdido al artillero, una bala le perforó el pecho. El hombre caído era un suboficial y justo ese día se iba de licencia. Fue su última misión.
La danza de los helicópteros no termina, arrojan bombas incendiarias y de demolición sobre los surcos.
Ramón Pío Fernández, nacido en Palma Sola, Jujuy.
Rogelio Ramón Espinoza, nacido en Caimancito, Jujuy.
Juan Carlos Castillo, nacido en Aguaray, Salta.
Enrique Ernesto Guastoni, nacido en Córdoba.
Freddy Ordoñez (desertor incorporado por su propia voluntad) nacido en Salta.
Todos estos soldados tenían 21 años y murieron en batalla de monte. Eran argentinos. Tanto como nosotros o mas porque combatieron en Acheral el viernes 10 de octubre de 1975.
Tenían el rostro aindiado, la piel morena. Sus gestos no sabían de grandilocuencias y sus respuestas eran cortas y seguras. Luchaban por la Patria y tenían las manos acostumbradas al monte. Eran un símbolo, un poco cortados con el mismo molde con el que estaban hechos todos los jóvenes argentinos que pelearon en Tucumán.
No se cual es la razón por la cual nadie habla de ellos. Nadie cuenta sus historias. Nadie hace películas ni escribe libros sobre sus hazañas como han novelado en romance con la historia de los otros muchachos… “los idealistas” que pretendieron hacerse del poder a punta de fusil.
Que concepto raro de verdad y justicia que tenemos los argentinos. ¡Que selectivos!.
Para unos el honor y para otros… ni justicia!
Un suboficial va cantando los nombres. Algunos están, otros se fueron de patrullaje. Otros murieron y su carta no tendrá destinatario. Todos abren sus sobres, leen y después… los comentarios: “Tengo un hermanito enfermo” “Mi señora está bien, esperamos un hijo para diciembre” “Mi hermano consiguió trabajo en Salta” “Mi papá me está levantando una piecita en el fondo para mi solo”. “Soy tío de una nena” Y muchos mas. Eran cosa de todos los días. Días de guerra en los que una noticia simple de una carta era un canto a la esperanza para los que cumplían con el deber encomendado.
Esto que les cuento no son inventos míos, son crónicas de guerra escritas por corresponsales para las revistas de época extrañamente desterradas al olvido.
Me da asco tanta injusticia.
Por eso escribo.
Hasta la semana que viene.
jmp


miércoles, 15 de junio de 2016

Guerra. Memoria 10

Algunos episodios siniestros como para entender porqué se llega a la guerra, aunque muchos se resistan a aceptar el término.

Todavía, a tantos años, hay cola de ideólogos para explicar que decir “guerra” es convalidar un genocidio.

El deporte predilecto de los banalizadores de las palabras es prohibir la pronunciación del término “guerra” y recitar dictadura y genocidio.

En octubre del ´74 se produce otra atroz vuelta de tuerca sobre el caso “Aramburu”.

Un comando terrorista violenta la puerta del panteón familiar que guarda sus restos en el cementerio de La Recoleta.

Roban el cadáver y los argentinos se estremecen nuevamente ante una losa profanada y vacía. El féretro fue abandonado en una camioneta el mismo día que trajeron al país los restos de Eva Perón.

Un canje siniestro, macabro y vergonzoso en un escenario donde se habían sobrepasado todas las barreras morales.

Unos días antes, en septiembre, Juan y Jorge Born, ejecutivos de la empresa Bunge y Born fueron secuestrados.

Los terroristas subversivos asesinaron durante el operativo a Alberto Bosch, alto ejecutivo de la empresa Molinos Río de La Plata y amigo personal de los hermanos Born.

En noviembre, con un despliegue aterrador y ante las cámaras de televisión, llegan los restos de E. Perón.

Armas, armas modernas exhibidas de manera pornográfica. Armas sofisticadas en una negra fiesta de armas y hombres sin uniforme. Hombres de gesto adusto, implacable.

¿Quiénes eran? ¿Qué había detrás de esas caras de acero?

Una escena que no se puede olvidar, sin embargo, los argentinos de esa época hacen como que no ocurrió. Y las generaciones que vinieron después no te creen cuando les contas. Pero ocurrió.

Como el asesinato del comisario Villar y su esposa mientras investigaba un atentado en la embajada de Chile.

El comisario inspector, jefe de policía, sale a dar un paseo en lancha con su esposa, unos segundos después de soltar amarras la lancha vuela en mil pedazos. Villar y su mujer mueren en la explosión y el terrorismo consuma uno mas de sus crímenes. Otro crimen. Otro golpe impune en la cara del país.

Te suena Humberto Antonio Viola? Capitán, tucumano de 31 años.

Llegando a la casa de sus padres, como todos los domingos junto a su familia, es interceptado y rodeado por un circulo infernal. Gritos, confusión y un mundo que parece estallar.

Viola trata de defenderse y defender a los suyos pero las balas lo matan en el acto.

En la parte trasera del auto yace muerta también su hija María Cristina de 3 años. Otra bala se clava en la cabeza de su otra hija, María Fernanda de 6 años.

En la puerta de la casa de Ayacucho 233, pleno centro tucumano, aterrada, la mujer del capitán de la V Brigada de Ejercito, María Cristina de 26 años ve como, en unos segundos, se derrumba su mundo.

Partida por el dolor, embarazada de 3 meses, despide en el cementerio de Yerba Buena a su marido y su hijita menor y corre al sanatorio donde los médicos intentan salvar a María Fernanda que lucha por su vida.

Pasa el tiempo. María Fernanda se salva y nace Luciana. La viuda de Viola acepta con fortaleza el oficio de vivir pero lo que le ha ocurrido -el caso Viola- va mucho mas allá de los secuestros, de los atentados y de crímenes anteriores. Va mucho mas allá de la pesadilla que habían desatado con la delincuencia subversiva. En adelante, el caso Viola será un símbolo.

A partir de éste episodio de la calle Ayacucho los argentinos saben a que atenerse. Saben, ya sin dudas, que clase de enemigo tienen que enfrentar. Saben que las balas de ese enemigo no reconocen límites. Saben que para las balas, no hay diferencia entre hombres de uniforme, sus mujeres, sus hijos….

Muchas veces el capitán Viola le habrá dicho a su mujer que todos corrían peligro porque esto era una guerra. ¿O habrá pensado que con las familias no se iban a meter?

Este enemigo atravesaba todas las barreras morales. Lo que se entablaba no era una lucha convencional. Era una lucha sórdida, desconocida para los argentinos que no la habían visto ni en películas.

Muy poco después, en febrero, el ejército montó en Tucumán el operativo Independencia.

Por primera vez la Argentina afrontaba la lucha contra la subversión en forma profesional, organizada, masiva y sin cuartel.

Muchos soldados caerían en el frente pero el terrorismo sería derrotado en el campo de batalla.

El caso Viola, la tragedia de la calle Ayacucho de San Miguel de Tucumán fue la bandera y el móvil.

El Capitán Humberto Antonio Viola y su hija María Cristina no murieron en vano.

Algún día habrá que reconocerlo.

Hasta la semana próxima.

jmp

jueves, 9 de junio de 2016

TV Estatal. Memoria 9

Siguiendo con la crónica 73/76, hoy le hubiera tocado el turno a otro bombazo truculento, al asesinato de algún coronel, al vuelo por los aires del departamento de una familia inocente… pero no quiero aburrir con algo que está probado que no interesa demasiado.
La vida no nos interesa mucho. Es una realidad que tenemos el concepto de DDHH un poco selectivo.
Nos moviliza mucho mas que nos manoteen un plazo fijo, se suspenda el futbol o se metan con la tele.
Si nos sacan a Tinelli, ahí si, que quilombo se va a armar….
Hoy les cuento que pasó con la televisión.
El 8 de octubre del 73, Raúl Lastiri era presidente y firmaba un proyecto de intervención a los canales privados que había sido elucubrado por el Secretario de Prensa y Difusión Emilio Abras. Comenzaba así la etapa más ruin de la TV. Ruinosa por deficitaria y lamentable.
Horas después de firmado el decreto, bandas armadas ingresaron a los edificios de los canales 9, 11 y 13. Impusieron sus normas por la fuerza empuñando pistolas y armas largas.
Hasta ese momento los canales privados eran empresas organizadas, con balances positivos, con personas que trabajaban y cobraban sueldos en fecha. No había quejas.
Perón llega a la presidencia, quiere saber que pasa con los canales y manotearlos, pone el tema en manos de una comisión parlamentaria (todos sabemos lo que pensaba Perón de las comisiones). Esa comisión debía decidir la suerte de la TV.
Los prolijos y limpios pasillos de los canales se convierten en pintadas con leyendas y frases contra sus legítimos dueños. Mesas de trabajo intersindicales ocupaban estudios enteros. Peleas internas, luchas entre el personal fueron los primeros resultados anticipando el caos.
Perón convocó a casa de gobierno a distintos representantes de los gremios afines al medio televisivo y entre ellos llegaron personajes como Luis Brandoni. Justamente Brandoni, que había nacido a la fama gracias a la TV privada. Él, que era “Luis Brandoni” gracias a ese sistema “corrupto” sentado frente a Perón, habló contra la televisión privada y dijo cosas como ésta: “La televisión privada impuso una aplastante política mercantilista, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades del país. La asociación argentina de actores denunció muchas veces la situación de dependencia de ese importante medio de difusión y que se sufría una penetración cultural e ideológica alienable, destinada a anestesiar al pueblo y apartarlo de sus objetivos de liberación”
Pero Luis Brandoni no fue el único caso. Al día siguiente, Perón recibió a Juan Carlos Mareco y Antonio Carrizo y cada uno pudo expresar su pelotudez.
Mareco le dijo a Perón que se había retirado de la televisión privada porque no se daban las reglas de juego para un hombre que se siente profundamente argentinista. La regla de juego es que tenemos que ser mensajeros de cultura el la información, en la música y en el entretenimiento. Por lo tanto, entendemos que como no haya una televisión, y es evidente que no la hay, que eduque a la gente, no tiene objeto su existencia.
No mucho antes de decir estas palabras ante Perón entregando a la televisión privada, Mareco, trabajaba y vivía gracias a la TV privada Argentina y se había hecho famoso gracias a ella. Ahora la entregaba con frases grandilocuentes a favor de un “sentido nacional”.
Finalmente, las emisoras pasaron a manos del estado con gran algarabía de estos señores que, al poco tiempo después entraron en paros sorpresa para exigir aumentos de salario.
Un poco mas de un año de administración estatal bastó para arrojar consecuentes resultados:
Atraso en los pagos de salarios con huelgas reiteradas.
El material técnico se volvió precario y decadente.
La competencia que pretendían eliminar continuó con la emisión de programas que eran copiados por otras emisoras.
Los actores se empezaron a quejar por falta de trabajo.
No aumentó, como se había prometido, la cantidad de programas en vivo.
No se redujo la cantidad de material extranjero que se emitía dado que era lo único que mantenía algo de audiencia.
No se logró doblar en el país el material importado.
El rating general de audiencia bajó un 50%.
Los balances de los tres canales pasaron a ser muy deficitarios.
Para algunos idiotas útiles como Brandoni y Mareco, estatizar los canales pareció una medida salvadora pero sólo sirvió para entregar una poderosa herramienta de propaganda que Perón ganó con su método de siempre, la seducción populista.
La idea salvadora no sólo no salvó a nadie, sino que además el Estado, ya deteriorado por la horrenda política económica, debía hacerse cargo del millonario déficit de la TV estatal.
Luis Brandoni debió irse a trabajar a Méjico y a su regreso dijo que la culpa del fracaso de la TV estatal la tenían las multinacionales, confirmando así que la idiotez de siempre, el infantilismo de todas las épocas que tira la piedra y esconde la mano echando las culpas a otro, una vez mas se lavaba las manos y fracasaba por insistir con el relato nacionalista, proteccionista, argentinista nac&pop.
Mientras tanto, El gordo y el flaco, Los tres chiflados, Bonanza, El Gran Chaparral, Los Invasores, El Zorro, Batman y Robin y varios “enlatados mas, resultaban invencibles al fijar la sintonía, confirmando que “calidad mata relato”. Algo que sabemos todos, pero fingimos ignorar para pasarla bien.
Mirtha Legrand, que ya era la conductora del ciclo mas popular fue puesta de patas en la calle… adivina la razón.
Como verás, la metáfora de “la rotonda” es patéticamente adecuada para Argentina. Los problemas son siempre los mismos, sólo se van renovando los idiotas que los practican.
Hasta la próxima.

jmp