El legislador porteño del frente de izquierda Gabriel Solano, relata en Twitter que alguien le contó que un gendarme quiso viajar gratis en el colectivo, pero el chofer lo hizo bajar con el siguiente argumento: “Si te pagan para darle palos a los trabajadores, vos pagá tu boleto o bajate”.
Sospeché del relato y averigüé que dice la ley. Los efectivos de las FFSS no pagan… yendo o viniendo de servicio pueden viajar sin pagar gracias a una ordenanza. Una vez más, relato y verdad a las patadas.
Existe la otra historia, también en Twitter, donde el chofer de un colectivo advierte que está subiendo un policía, entonces detiene la unidad, se pone de pie, le pide permiso para abrazarlo delante de todo el pasaje y luego se dirige a todos: “Muchachos como éste, fueron héroes y mártires el lunes pasado, es hora de que toda la sociedad los reconozca”.
La historia termina en que los pasajeros vivan y aplauden al policía.
Yo prefiero creer la segunda historia porque así se construye una sociedad más sana y justa.
Se ha dicho de todo sobre el bochorno de Plaza Congreso. Hay crónicas para todos los gustos.
Yo voy a tratar de rescatarme desde el fondo de la vergüenza y el espanto para ocuparme de un punto en especial. Las fuerzas de seguridad.
Se habla de los jubilados, los maestros, los científicos, los oligarcas, los obispos, el papa, los pobres, los trabajadores, los políticos… se habla y se habla a lo Indio Solari desde su departamento sobre la Quinta Avenida de Nueva York. Especialmente, se habla cuando se trata de la policía o los militares, a los que vapulear, ha sido una política de estado durante 14 años para sacar de ello rédito político.
No se enojen, pero quiero reflexionar sobre los descastados de siempre.
Reflexionemos sobre ese puñado de efectivos resistiendo en la Plaza Congreso.
Reflexionemos sobre la diferencia entre esfuerzo y “sacrificio”.
Deberíamos revisar nuestra conciencia sobre el concepto de obediencia debida.
Pensemos en lo que significa hacer algo porque te lo ordenan y ese es tu deber… y tu vocación.
La política ha inventado esto de que las FFAA Y FFSS son un aguantadero o una mera salida laboral. El argumento ha sido efectivo para tratar de mostrarlos como trabajadores comunes y corrientes cuando no lo eran porque provenían de una academia que los formaba para hacer una carrera.
Deberíamos reflexionar sobre lo que significa el espíritu castrense. Entenderíamos muchas cosas, como por ejemplo, lo que significa el sentido del deber que emana del hecho de vestir un uniforme y calzarte un chaleco antibalas, casco y escudo para servir a la patria haciendo respetar la ley y el orden.
Servidores públicos que no tienen gremio, que no objetan ni discuten ni opinan sobre una orden. Acatan y obedecen. Aunque la orden sea salir a resistir una sedición salvaje armados con un tenedor.
Nada más, quiero que pienses en esto, en lo que significa jugarte la vida propia como servicio al prójimo… ahora, en vísperas de Navidad. Y recuerdes nuestro propio bochorno en las fiestas del año pasado en Pehuajó, en que la diversión fue, para variar, someter a un grupo de milicos a una lluvia de cascotes.
Espero que lo que vimos el lunes en Plaza Congreso nos haya servido para tomar conciencia de lo injustos que fuimos como sociedad para llegar a semejante escarnio, para que recuerdes que tenemos 80 policías heridos y hospitalizados y ni un solo sedicioso preso. Para tomar conciencia del gataflorismo social de gritar un jueves, porque son muchos y después llorar el lunes, porque son pocos.
¿Te imaginás la imagen del lunes en Chile o en Uruguay? Alterá el orden o violá la ley delante de un carabinero y contame como te va.
Fui sobrino nieto de un ex comisario de la federal. Él me enseñó, siendo niño, que debía acudir al policía cuando tuviera un problema en la calle. El tío Alfredo me llevó de la mano y me presentó al vigilante de la esquina. Nunca lo olvidé.
Este es mi homenaje al tío Alfredo, al vigilante de la esquina de la casa de mi abuela, a los policías que bancaron la parada heroicamente en la plaza Congreso y a todos los buenos policías, soldados, prefectos, gendarmes y demás uniformados, servidores públicos que desarrollan su profesión con honestidad, patriotismo y vocación de servicio.
Mi homenaje para reivindicarlos, agradecerles su ofrenda a la patria y pedirles que no pierdan la fe en que se puede recuperar el prestigio por ser mejores.
Todos!! Como sociedad también.
Feliz Navidad!!
Juan Martín Perkins