Una escuela reducida a escombros, cuando niños y maestros estaban dentro, se convirtió en el símbolo de la tragedia que vive Méjico.
El sismo los sorprendió haciendo lo que tenían que hacer. Cumplir con sus obligaciones haciendo uso de su DERECHO A LA EDUCACIÓN.
Cuando empezó el terremoto, cuenta la crónica de la TV, las maestras comenzaron a sacar a los alumnos. Se escuchaban sus voces mientras evacuaban, pero de pronto hubo un estruendo y ya no se escuchó mas nada. Solo polvo… y desolación.
21 niños y 4 maestros murieron aplastados y hoy hay 5 que continúan desaparecidos. Atrapados bajo los escombros de su escuela.
La escuela Enrique Rábsamen era un edificio de 4 pisos que ahora es una pila de concreto, ladrillos y columnas entre los que todavía hay personas atrapadas.
Llora Méjico, país sufrido. Llora a sus víctimas en medio de la tragedia. Llora con dignidad. Trabajando en rescatarse.
En el bloque siguiente, el noticiero me devuelve a nuestra realidad. Nuestro terremoto auto infringido. Nuestros sismo de juguete… y me da vergüenza.
La escuela mejicana demolida por el sismo se ha convertido en un símbolo que debemos comparar con los colegios tomados por la sinrazón y el extravío argentino.
Basta ver y oír a nuestros chicos en las tomas de los colegios de CABA para entender que lo nuestro también es un sismo. Es una demolición que nos reduce a escombros y nos mantiene atrapados bajo nuestra propia idiotez.
Altaneros y soberbios los modales. Extemporáneas las reivindicaciones y no procedentes los reclamos.
Años de subversión nos trajeron a este estado de cosas maniqueo, injusto y subvertido. Ha sido un largo proceso en el que los valores y principios de un sistema establecido, se invierten y trastornan hasta ponerlo todo patas para arriba.
Así estamos, con asambleas de 10 que deciden por 300 con efectos tan devastadores como un terremoto.
Chicos que no comprenden un texto ni saben resolver una ecuación simple poseen un discurso político con consignas anacrónicas pero monolíticas y bien articuladas, que se plantan ante los “adultos” y los doblegan arrebatándoles la autoridad. El mundo del revés llevado al extremo. Como para sentir vergüenza.
Adultos ausentes. Padres permisivos y desorientados, inexistencia de ejemplos y mucha segunda intención política dando letra desde las sombras.
Una y otra vez nos baleamos los pies. Están enojados, resisten el cambio y se niegan a aceptar el resultado de las urnas…. aunque declaman democracia.
Da vergüenza el contraste con la tragedia “real” de Méjico.
Nuestro sismo es imaginario como “el relato” pero la devastación que produce es abrumadora. Nos tiene atrapados bajo una loza de resentimiento.
En todos los terremotos se rescata al hombre en su propia dignidad… tengamos en cuenta que las tareas de rescate bajo los escombros se realizan en medio de réplicas, no hay mayor acto de amor y coraje.
En nuestro terremoto de juguete de plástico, hacemos gala de la exaltación de la miseria por propias frustraciones...
Nuestros hijos necesitan padres.
Juan Martin Perkins.
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