domingo, 1 de mayo de 2011

Ernesto y Juan Galo

“Era una voz de una alta tradición humanística” argumento que usarán los diarios el lunes.
Yo quiero decir lo mío antes de que me intoxique la necrológica tradición nuestra y me tapen con informes sobre la vida y la obra de Ernesto Sábato.
¿A quién puede importarle?
Acabo de leer a nuestro canciller… si tamaño ganso opina…, ¿Por qué yo no?
Sus prodigiosos ensayos de su primera época marxista, sus mas reconocidos títulos como “El Túnel” y “Sobre héroes y tumbas” no me dan patente de culturoso, ya que ni los espié. Solo cuento con referencias de mamá, que es una gran lectora y me dice que lo disfrutó.
Sus títulos, su tono de voz, toda su gestualidad y las palabras que empleaba me describían un hombre que no me gustaba para padre o abuelo y menos me convocaba como lector.
No lo leí por prejuicio, por oscuro, triste, lúgubre. Lo asocié con tumbas, oscuridad, túnel, ratas y murciélagos.
Ya que como escritor no puedo abordarlo (me prometo leerlo) le quiero entrar a Ernesto hombre.
Ese hombre en el que ví DIGNIDAD, INTEGRIDAD y COMPROMISO CIUDADANO cualidades escasas que terminaron mandándolo al exilio interior, al fondo de una profunda desilusión rayana con lo depresivo. ¡Pero que nunca se fue!
Eso hicimos con él. Le hicimos sentir que debió haber muerto hace 20 años, que hubiera sido mejor que cargar con esta cruz de pagar en la tierra todo el “COSTO DE LA VERDAD”.
No se le perdona su prólogo de Nunca Más.
“Durante la década del 70, la argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda”
Esta reivindicación de la teoría de los dos demonios lo condenó a vivir el ostracismo total, como dueño único de la verdad que hoy NADIE defiende.
A los que “corrigieron” la redacción de su prólogo les daría la idea de, en vez de reformar, sería bueno, si es que tienen vocación de verdad y justicia, que hicieran una nueva Conadep (que podría presidir carta abierta si quieren) e hicieran al país un informe investigando todas las atrocidades cometidas entre 1973 y el 76.
Sería bueno que escribieran ese prólogo, en vez de cambiar el de Sábato.
Pero acá, cuando la verdad no nos gusta, matamos al mensajero y después inventamos una mas linda y heroica, aprovechando que tienen la manija del gobierno.
Acá, los idealistas que van al frente, tienen por futuro los últimos años de Sábato o el final de Rene Favaloro, también integrante de esa Conadep.
Seguro van a dedicar tinta a contar el almuerzo con Videla y su opinión sobre el “dictador”. Pobre Ernesto, paga las culpas de no ser Rodolfo Walsh.
¿Alguien recuerda a Graciela Fernández Meijide?, otra impía que habla de 8.000 y pico en vez de 30.000.
Avisémosle que correrá la misma suerte que el presidente de la comisión.
Esta gente, Ernesto, Rene, Magdalena, Graciela, no entendieron que vivimos en un país en donde la verdad no importa. ¡Basta de realidades! ¡Queremos promesas!
Al final , quiero hacerle mi humilde homenaje a Ernesto. Un dato que va en línea con su personalidad.
Escribió y le puso su voz a “Romance de la pasión y muerte de Juan Lavalle”.
Con 25 años me rendí a sus pies. Hasta el día de hoy me conmueve como el concierto de Aranjuez a mi abuela, que terminaba llorando.
Falú, Torres, Cura, todos sublimes en su arte pero don Ernesto es el de la idea, el que elige al general que habla de el mismo.
En esto me abrazo a Ernesto Sábato.
Don Juan Galo de Lavalle, general del ejercito libertador responsable de quizás muchos errores pero héroe en 170 combates por la libertad de las provincias unidas del sur.
Ese general salvaje de quién San Martín llego a decir “que era un león a quién solo había que sacar en vísperas de la batalla”, fue un gran héroe de nuestra independencia y un conductor de hombres en la pelea.
¿Por qué Sábato rescata y eleva a Lavalle? Yo creo que, como el general, Don Ernesto era de un coraje callado y sabía que puede matarse el cuerpo pero matándolo no se mata el alma.
Lavalle muere perseguido, derrotado, vencido como Ernesto Sábato pero sus tropas diezmadas no lo abandonan. Descarnan sus huesos y guardan su corazón y su cabeza como un tesoro que “NUNCA MAS” entregaran al enemigo.
Y cuando cruzan los limites de la patria y dan vuelta las cabalgaduras para dar la última mirada del horror y desolación que dejan. Se parecen mucho a la visión que creo, tenía Ernesto Sábato sobre su país.
No estuvimos a la altura de sus expectativas. Como tampoco de las de el General Lavalle.
Sábato y Lavalle lucharon por lo mismo.
Sábato, al igual que Lavalle y Güemes son los únicos generales de las provincias unidas del sur que mueren en acción, en el ejercicio de su cargo y grado.
Algunos, como mi buen Aparicio Sosa, sargento ayudante de campo del General y fiel soldado bravo, cabalgamos por la vida con el tarrito apretado al pecho con el corazón del general que “Nunca Mas” entregaremos.

¡Mis respetos con honor!
Descanse en Paz Don Ernesto!!
Prometo leerlo, empezaré con “Sobre héroes y tumbas”

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