domingo, 15 de mayo de 2011

La Mentira

Ya la tenemos ¿eh? Ya falta poco flaco, ya casi esta pirucha.
El flaco soy yo. Pensaba que nunca mas me referiría a esto porque verdaderamente estoy harto.
Pero eso de “ya la tenemos”, como tenemos me incluye, me fastidió. No soy compinche y mucho menos, de la última hora y de un impresentable.
¿Qué quiere decir ya la tenemos? Vamos flaco… ¿no sabes vos? Con lo informado que estas, con todo lo que lees.
“La tenemos agarrada del cogote la tenemos y esta vez no hay que soltarla”.
Todo este diálogo, vociferado casi a los gritos, al pié de un surtidor de gas oil exhausto en la YPF de mi pueblo me produjo mucho fastidio.
¿Será posible que me persiga a toda hora esta payasada? ¿Aguantará la presión? La están descuartizando.
Lo primero que me incomodó fue el súbito coraje adquirido por el personaje que vociferaba como con la seguridad que dan los aires de “fin de ciclo”.
“Esto no da para mas flaco” Acordáte que te lo avisé, “esta loca no se presenta a la reelección”.
Mientras el personaje se retiraba, me quedé parado frente al empleado de la estación de servicio. Me hizo poner colorado de vergüenza ajena.
Me di cuenta que lo que me molesta es sentir vergüenza ajena. Sería bueno que cada uno llevara sólo la propia.
La estrategia electoral de la presidente produce manifestaciones para todos los gustos.
Un día un discurso en un sentido, el siguiente en reversa y lloriqueando siempre de negro y amagando quebrarse.
La consecuencia, denominador común, de los diarios discursos es que inmediatamente un ejército de libre pensadores sale a hacer notas con interpretaciones psicológicas, políticas, médicas, familiares, emocionales etc. y elucubran derivaciones y posibles consecuencias sobre la suerte que correremos 40 millones de idiotas pendientes de los caprichos de la soberana.
Pura estrategia manipuladora la de esta señora que nunca pensó, que a ella, también le llegaría el momento.
Al personaje que cree que “ya la tenemos” me hubiera encantado decirle que tiene razón pero no quise ser tan patético.
¿Qué es lo que tenemos?
A riesgo de que piensen que pretendo ponerme en la fila de interpretadores de la psicología Kirchnerista cuento mi versión chacarera de lo que creo que pasa. La señora, está probando de su propia medicina y no le gusta.
Ella conoce la intimidad del fraude y no es tonta, sabe el final. Sólo se trata de administrar los tiempos.
La verdad, aunque a veces dolorosa y pesada, aliviana a la persona que la porta. Nos hace libres y felices.
La mentira, esclaviza. Obliga a ser memorioso de ella, a sostenerla permanentemente. Se torna un ejercicio constante que supone el trabajo de argumentar para convencer o inducir al engaño.
Eso le pasa a la señora, el uso de todas sus habilidades discursivas y gestuales al servicio del fraude, la mentira que representa, están haciendo mella en su rostro, en su ánimo y en toda su salud.
Yo no le creo ni una lágrima, no siento respeto y ni siquiera lástima. Me duele lo que hizo con mi alma, lo que hizo con mi gente, como nos dividió entre hermanos y todo en nombre de un gran fraude que ni ella misma cree.
Lamentablemente, habrá que esperar la debacle económica, próxima en llegar, para caer en cuenta de la gran mentira. Es el único idioma que entendemos. Usted, ese día, nos sollozará con el corazón pero nosotros le contestaremos con el bolsillo. Ese día recién comprenderemos que todos los “muchachos idealistas” que la rodean eran simples coloca bombas anónimos y asesinos. Comprenderemos que toda la deshonestidad intelectual que la rodea y le da soporte a su “modelo” tiene la militancia exagerada de un converso pero menos convicción que un panqueque y le perderán el respeto que le quede. Usted lo sabe.
Los que aún disimulamos somos nosotros, temerosos de la verdad. Negadores de la realidad, amantes del pensamiento mágico de creer en el estado de bienestar proporcionado por el buen humor o la gracia del soberano y así estamos aún… pero usted ya sabe que no es por mucho tiempo. Le pesa la sentencia.
Contradecir la naturaleza de todas las leyes económicas y mentir en todo, a todos, todo el tiempo no se sostiene para siempre y como los árboles no crecen hasta el cielo….
Entonces… ¿Qué tenemos? ¿ya la tenemos?
Me gustaría que lo que tuviéramos fuera la conciencia de que tuvimos, tenemos y tendremos lo que nos merecimos y merezcamos.
Cristina solo supo interpretarlo y nos lo dio. Por la cabeza con un palo. Lo hizo altiva y arrogante con mucha gente que paciente, espera. Sólo espera… que se ponga en evidencia la mentira.

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