lunes, 25 de noviembre de 2013

140kg de Contradicciones

Vengo a casa pensando como puedo convertir, o tratar al menos, unas dos horas de profunda deshonestidad intelectual en algo útil para transmitir.
La charla de Brienza fue un hueso muy duro de roer.

Pienso que no es bueno que nos pongamos a adjetivar sobre su persona con la misma violencia con la que él dio la charla.

Las charlas siempre son enlatados que se repiten a lo loro pero Brienza me pareció que es una tremenda tragedia en lata. Es un hombre que habla en calma, tiene aspecto de bueno y que en el transcurrir de la charla, te reconoce que él es un militante que está dando la batalla cultural. “Los periodistas e historiadores no somos objetivos” confiesa en un rapto de honestidad.

Debo reconocer que aceptó el disenso en calma y con respeto y le exigió lo mismo al auditorio que lo protegía. Es mas, creo que él facilitó la mecánica del debate anticipado para salvar la ropa en una charla que naufragaba en el desinterés de la juventud que se retiró dándole la espalda.

Dicho lo bueno, como para arrancar positivo, hay que decir que los alumnos que asistieron no tenían ni idea de lo que escucharían ni conocían al conferencista. Estaban allí por no quedar libres y nunca participaron de la conferencia.

El presentador arrancó lamentando la escasa concurrencia. “Todo un dato”.

Dos horas de revisionismo puro. Todo vale en los códigos de esta “batalla cultural” que se da en todos los procesos históricos, según el “historiador”

Brienza confiesa que el “relato” y su revisionismo es una construcción. Es lo que denomina “pensamiento nacional y popular democrático.

Nacional porque es anti sajón, anti imperio y popular porque contempla los intereses de las mayorías, incluso, avanzando por sobre los de las minorías, lo cual es considerado necesario y valido según los códigos del relato actual que el “milita” y no tiene empacho en que se lo denomine “dictadura de las mayorías”

Arranca la charla preguntando al auditorio como se unifica a un país. Nadie contestó según su expectativa.

Para Brienza (irónicamente) se construye la unión ganando la batalla de Caseros y pasando a degüello todo lo que no tenga pensamiento liberal y se niegue a aceptar la constitución Alberdiana.

La justificación de la violencia en el subconciente es una constante y exalta el error de adjudicar el hábito de matar siempre a “los mismos”.

Desde Dorrego, pasando por Peñaloza las víctimas siempre son la sangre gaucha nacional y popular que no se debe ahorrar para abonar esta tierra argentina y da lo mismo la sangre de Peñaloza como la de Norma Arrostito.

Siempre la mecánica amigo enemigo. Saavedra- Moreno, Peñaloza- Sarmiento, Dorrego- Lavalle y así hasta llegar al glorioso kernerismo Laclauniano.

“Buenas tardes a todos y a todas”, por arrancar según el manual y después dar paso a “Decime gordita como pensas vos que se une un país” dirigiéndose a una alumna que nunca se enteró de que se estaba hablando.

“Vengo a contar la historia que no se cuenta” inició una larga y tediosa enumeración de consignas tendientes a dividir entre buenos y malos. Como si no alcanzaran las discordias contemporáneas, una a una fuimos recorriendo y “descontextualizando” todas y cada una de las sangrientas luchas intestinas de la patria.

“Hay otra historia que no es la de Mitre” es la consigna.

Todos leímos a Echeverría y Sarmiento pero hay otra lectura que no hacemos… leemos el José Hernández del Martín Fierro como “contra pensamiento” pero nadie conoce al de la pasión y muerte del Chacho Peñaloza dice Brienza.

¿Por qué dice esto Brienza?

El texto de Hernández sobre Peñaloza, tan bello como bárbaro y violento bien propio de la época, habla del Hernández que él rescata como buen militante de un relato extremista.

Brienza rescata para su charla el ser nacional que representa el primer Hernandez y omite profundizar sobre la evolución del autor, que representa una gran metáfora de la argentina que él oculta y niega.

Brienza no se explaya sobre el aburguesamiento que representa “La vuelta de Martín Fierro” en donde el gaucho malo busca establecerse y dejar de vivir al margen de la ley.

Hernandez tiene una carrera militar, artística y política. La política atraganta a Brienza ya que el autor termina siendo senador de Julio Argentino Roca.

Brienza es una masa de 140 kgs de contradicciones. Se reivindica como “peronista” pero seguro no puede explicar como su máximo líder, luego de nacionalizar los ferrocarriles, los bautizó Roca, Sarmiento, Mitre, San Martín y Belgrano. Todos nombres que él no puede siquiera pronunciar sin ponerse morado.

Como miembro de una comunidad invisibilizada por el revisionismo voluntarista del ilustre disertante confieso que me sentí MUY VISIBLE. El rechazo que generamos en esa pequeña y patética banda de culturólogos que presume de inteligentes pero solo se anima a dar cátedra delante de auditorios que sospecha ignorantes fue muy evidente. No aceptan, no solo la historia oficial, no aceptan NINGUNA historia. La quieren escribir ellos y su problema es que todavía no saben como la quieren.

Usan algo de lo que ocurrió lo aderezan con imaginación y deseo de cómo les hubiera gustado que ocurriera, le sacan el contexto y te lo presentan como si fueran Pocho la Pantera, el novio de Rita Turdera.

Si les tenía algo de respeto… anoche se los terminé de perder.

Charla patética. Aburguesamiento por abuso de la mentira como recurso para hacer política… por demás barata.

Brienza y su relato creen que los espera un paseo triunfal, pero en el Colegio Nacional de Pehuajó, alcanzó con una señora valiente que se animó a hablar con su hijita sentada en las faldas, para derribar su mediocridad. Esa señora es el símbolo de lo que le cuesta a mi país asumir ejercitar su libertad y sobre todo, aceptar ver la realidad tal cuál es. Ella marca un camino que tenemos que decidirnos a andar como pueblo.

El rey esta desnudo. Todos lo vemos. Es feo y tiene el culo sucio.

jmp

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