Anoche entregaron los premios Tato.
Las repercusiones de la velada se enfocaron exclusivamente en “la grieta”.
Reynaldo Sietecase con dificultades para disimular su deshonestidad intelectual, intentó poner a su colega, antiguo protector y patrón al asador.
Para un lado de la grieta lo logró.
Lanata sabe poner cara de agaromba pero, seguramente, tienen que haberlo angustiado los cargos demagógicamente traicioneros.
El gobierno con toda la plata necesaria para llenarse de medios adictos le tiró los galgos sin piedad para doblegar al “demonio” hecho carne en la osamenta de un tipo lleno de coraje, oficio y talento.
Lanata es el demonio de Tasmania por decisión propia. Se me ocurre que no debe ser nada fácil caminar sobre sus zapatos.
Los que lo quieren lo idolatran y esperan de él algo que no puede hacer y los que lo odian lo hacen con la fuerza de los conversos por interés, que es la peor de todas.
Escuchaba esta mañana la jauja y jarana entre risotadas durante el programa de Longobardi como, hasta sus amigos y supuestamente aliados en la línea editorial, le eran solidarios pero “hasta ahí”. Son una sociedad agarrada con pinzas con grados de convicción muy evidentemente distintos.
El humor ayuda a digerir en términos menos dramáticos esta farsa mediocre deshonesta y corrupta contra la que este gordo valiente está luchando sin cuartel a pesar de su precaria salud.
Siempre me pregunté porque lo hace.
En el momento mas difícil por lo adverso se tiró contra un imperio de la corrupción y se encargó de explicarle a TODOS, desde nuestros hijos adolescentes hasta a los abuelos como nos están estafando. Y lo hizo con 30 puntos de ráting en tele y 50 en radio. Un caso nunca visto. ¿Cuál es el final de la historia?
Recuerdo un final de programa cuando, antes de apagar la luz, dijo: “Yo ya te lo conté, ahora lo sabes y pasa a ser problema tuyo que es lo que haces con la información que tenes. Yo no puedo decirte que, pero por favor, HACE ALGO”……
Imagino el animo de Lanata hoy, viendo que lo único que hacemos es darle premios.
Ver como un pelagatos políticamente correcto lo bardea por televisión por el pecado de poner en evidencia la falta de higiene del trasero de su propia profesión es una injusticia parecida a la que practican los políticos con Carrió.
No valoramos esta tarea titánica de jugarse por amor al arte.
Hasta sus amigos se paran en “otro lado” parecido pero distinto y lo hacen notar con falsa solidaridad disimulada entre las risotadas grabadas y los chistes de Rolo Villar.
Ayuda poco Longobardi aclarando que “no tiene prejuicios y que la condición de Marxista del ministro que reclama dejar el jarabe del liberalismo, le importa 4 carajos con tal de que resuelva los problemas de la gente”. Chiquito favor le hace con su relativismo. ¿No importa el como? Parece que es lo mismo procrear por amor en una relación consentida que por medio de una violación serial al estilo del comunista Kici.
Está de moda en argentina que seamos todos comunistas, los que antes éramos peronistas, pero ahora tenemos un par de gladiadores que hacen el trabajo sucio y pesado por nosotros.
Lanata y Carrio hacen eso. Son los gladiadores que tiramos a la arena para que peleen con los leones en bolas y a los gritos mientras nosotros disfrutamos y padecemos bajo la anestesia del “Pan y Circo”.
jmp
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