jueves, 9 de junio de 2016

TV Estatal. Memoria 9

Siguiendo con la crónica 73/76, hoy le hubiera tocado el turno a otro bombazo truculento, al asesinato de algún coronel, al vuelo por los aires del departamento de una familia inocente… pero no quiero aburrir con algo que está probado que no interesa demasiado.
La vida no nos interesa mucho. Es una realidad que tenemos el concepto de DDHH un poco selectivo.
Nos moviliza mucho mas que nos manoteen un plazo fijo, se suspenda el futbol o se metan con la tele.
Si nos sacan a Tinelli, ahí si, que quilombo se va a armar….
Hoy les cuento que pasó con la televisión.
El 8 de octubre del 73, Raúl Lastiri era presidente y firmaba un proyecto de intervención a los canales privados que había sido elucubrado por el Secretario de Prensa y Difusión Emilio Abras. Comenzaba así la etapa más ruin de la TV. Ruinosa por deficitaria y lamentable.
Horas después de firmado el decreto, bandas armadas ingresaron a los edificios de los canales 9, 11 y 13. Impusieron sus normas por la fuerza empuñando pistolas y armas largas.
Hasta ese momento los canales privados eran empresas organizadas, con balances positivos, con personas que trabajaban y cobraban sueldos en fecha. No había quejas.
Perón llega a la presidencia, quiere saber que pasa con los canales y manotearlos, pone el tema en manos de una comisión parlamentaria (todos sabemos lo que pensaba Perón de las comisiones). Esa comisión debía decidir la suerte de la TV.
Los prolijos y limpios pasillos de los canales se convierten en pintadas con leyendas y frases contra sus legítimos dueños. Mesas de trabajo intersindicales ocupaban estudios enteros. Peleas internas, luchas entre el personal fueron los primeros resultados anticipando el caos.
Perón convocó a casa de gobierno a distintos representantes de los gremios afines al medio televisivo y entre ellos llegaron personajes como Luis Brandoni. Justamente Brandoni, que había nacido a la fama gracias a la TV privada. Él, que era “Luis Brandoni” gracias a ese sistema “corrupto” sentado frente a Perón, habló contra la televisión privada y dijo cosas como ésta: “La televisión privada impuso una aplastante política mercantilista, sin tener en cuenta las verdaderas necesidades del país. La asociación argentina de actores denunció muchas veces la situación de dependencia de ese importante medio de difusión y que se sufría una penetración cultural e ideológica alienable, destinada a anestesiar al pueblo y apartarlo de sus objetivos de liberación”
Pero Luis Brandoni no fue el único caso. Al día siguiente, Perón recibió a Juan Carlos Mareco y Antonio Carrizo y cada uno pudo expresar su pelotudez.
Mareco le dijo a Perón que se había retirado de la televisión privada porque no se daban las reglas de juego para un hombre que se siente profundamente argentinista. La regla de juego es que tenemos que ser mensajeros de cultura el la información, en la música y en el entretenimiento. Por lo tanto, entendemos que como no haya una televisión, y es evidente que no la hay, que eduque a la gente, no tiene objeto su existencia.
No mucho antes de decir estas palabras ante Perón entregando a la televisión privada, Mareco, trabajaba y vivía gracias a la TV privada Argentina y se había hecho famoso gracias a ella. Ahora la entregaba con frases grandilocuentes a favor de un “sentido nacional”.
Finalmente, las emisoras pasaron a manos del estado con gran algarabía de estos señores que, al poco tiempo después entraron en paros sorpresa para exigir aumentos de salario.
Un poco mas de un año de administración estatal bastó para arrojar consecuentes resultados:
Atraso en los pagos de salarios con huelgas reiteradas.
El material técnico se volvió precario y decadente.
La competencia que pretendían eliminar continuó con la emisión de programas que eran copiados por otras emisoras.
Los actores se empezaron a quejar por falta de trabajo.
No aumentó, como se había prometido, la cantidad de programas en vivo.
No se redujo la cantidad de material extranjero que se emitía dado que era lo único que mantenía algo de audiencia.
No se logró doblar en el país el material importado.
El rating general de audiencia bajó un 50%.
Los balances de los tres canales pasaron a ser muy deficitarios.
Para algunos idiotas útiles como Brandoni y Mareco, estatizar los canales pareció una medida salvadora pero sólo sirvió para entregar una poderosa herramienta de propaganda que Perón ganó con su método de siempre, la seducción populista.
La idea salvadora no sólo no salvó a nadie, sino que además el Estado, ya deteriorado por la horrenda política económica, debía hacerse cargo del millonario déficit de la TV estatal.
Luis Brandoni debió irse a trabajar a Méjico y a su regreso dijo que la culpa del fracaso de la TV estatal la tenían las multinacionales, confirmando así que la idiotez de siempre, el infantilismo de todas las épocas que tira la piedra y esconde la mano echando las culpas a otro, una vez mas se lavaba las manos y fracasaba por insistir con el relato nacionalista, proteccionista, argentinista nac&pop.
Mientras tanto, El gordo y el flaco, Los tres chiflados, Bonanza, El Gran Chaparral, Los Invasores, El Zorro, Batman y Robin y varios “enlatados mas, resultaban invencibles al fijar la sintonía, confirmando que “calidad mata relato”. Algo que sabemos todos, pero fingimos ignorar para pasarla bien.
Mirtha Legrand, que ya era la conductora del ciclo mas popular fue puesta de patas en la calle… adivina la razón.
Como verás, la metáfora de “la rotonda” es patéticamente adecuada para Argentina. Los problemas son siempre los mismos, sólo se van renovando los idiotas que los practican.
Hasta la próxima.

jmp

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