Caminaba un día por el Cabildo de Salta.
Salta la linda, ciudad llena de historias a cada esquina, cuando veo la placa recordatoria de un personaje muy singular.
Calixto Ruiz de Gauna.
Descendiente de españoles nacido en la ciudad de Salta en 1748. Su niñez transcurrió en Cerrillos y su juventud en las posesiones de Sumalao. Gaucho de a caballo, dedicado a las faenas rurales y al comercio con el Alto Perú. Hizo una sólida fortuna y fue uno de los hombres distinguidos en épocas de la Revolución de Mayo.
Cuenta la historia que Don Calixto, junto a un grupo de salteños, se encontraban presentes en el pronunciamiento del Cabildo salteño durante la jornada del 19 de julio d 1810, mediante la cual se resolvía adherir a la nueva Junta de Gobierno surgida en Buenos Aires el 25 de mayo.
Este hecho provocó la reacción del gobernador realista de Salta, don Nicolás Severo de Isasmendi que lo hizo apresar junto a otros cabildantes y los mandó encerrar en los altos del edificio del Cabildo.
Allí estaba don Calixto, preso junto a 7 cabildantes, acusados de conspiradores revolucionarios a la espera del seguro destino de morir fusilados.
Sortearon y en suerte le tocó a Gauna. Anudaron por las puntas a sus capas e improvisaron una cuerda de tela que le sirvió a Gauna para descolgarse desde los altos hasta la calle y perderse en la noche.
Empresario de la cría de mulas y caballos, del transporte, de las rutas y las postas, conocedor de los caminos de la patria, don Calixto se lanzó en una carrera desenfrenada para salvar la vida de sus amigos.
Galopó a media rienda sin parar las 352 leguas que lo separaban de Buenos Aires y al octavo día entró a toda la furia hasta la recova del Cabildo de Plaza de Mayo.
Leyeron bien!! 352 leguas, 1760 kilómetros en 8 días pasando por todas sus postas, cambiando por el mejor caballo de refresco y vuelta a los caminos del invierno argentino. Día y noche. 8 días.
Si todavía estas haciendo cuentas… espera que termino el cuento y te vas a desnucar.
Calixto Gauna denunció la situación en Salta, forzó la designación del primer gobernador criollo para reemplazar a Isasmendi, que se encontraba en Córdoba y partió de regreso inmediatamente para buscarlo y escoltarlo hasta Salta.
A 17 días de haber partido como fugitivo, hacía su entrada triunfal en la ciudad escoltando a Feliciano Chiclana, primer gobernador criollo de Salta la linda.
El primer acto de gobierno, luego de derrocar a Isasmendi, fue liberar a los revolucionarios amigos de Gauna y alinear a Salta con la revolución de mayo.
17 días, 704 leguas, 3520 kilómetros a caballo. Así se hizo la patria. ¡Y cuantos casos como este habrá!!
Sin dietas, sin viáticos, sin pasajes por desarraigo, sin becas, subsidios y demás curros, como exigen ahora lloriqueando por televisión. Sin mas que coraje y el deseo de hacer un país nuevo y libre.
Da vergüenza ajena contrastar aquella actitud de esos hombres con la pequeñez, casi la insignificancia del promedio de los de ahora, tan entregados a la ventaja, la prebenda… tan ocupados en la rosca chicanera, en la frase fácil del manual de la demagogia para mentirle al pueblo y seguir manteniendo sus privilegios oligarcas.
Da vergüenza y pena el contraste de semejante diferencia de estatura.
Estamos ante una oportunidad de salir de 70 años de decadencia. Tenemos pocos Gaunas contra una mayoría “enana” que no quiere abandonar su comodidad y “repudia” todo aquello que la pone en evidencia.
Pero lo estamos intentando y no vamos a aflojar. No podemos aflojar por la memoria de héroes como Gauna.
Según las fuentes consultadas, Don Calixto Gauna nació en 1748 y realizó esta hazaña en 1810. ¡¡Tenía 62 años!!!
Casi la edad de nuestro intendente… ¿te lo imaginas a media rienda y viento arriba en una mañana fría de Julio?
La historia de la libertad de Argentina tiene figuras como Gauna. Su figura fuerte, serena, triunfal, arriesgada, temeraria, a veces sobrenatural es lo que debe perdurar en nuestra memoria. En la de los que amamos la lealtad, el ejemplo de hombre incorruptible, por sobre las sombras de la injusticia y la corrupción.
Si ellos pudieron, tenemos que poder… porque ¡se puede!!.
Juan Martín Perkins.

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