sábado, 25 de marzo de 2017

24 DE MARZO PARA TODOS



Cuantas veces, camino al colegio, el colectivo cambiaba el recorrido y uno pensaba, otra vez un atentado.
Sirenas, luces, gritos, gente con los brazos levantados mirando hacia la pared y armas. Orgía de armas y sangre.
Caminar por florida entre los puestos de revistas con las tapas mostrando autos explotados por bombazos en los semáforos y cadáveres de empresarios “ajusticiados“ por la ley de la juventud maravillosa.
Desde la ventana del salón de música de mi colegio, donde el hermano Godofredo nos enseñaba solfeo, se veía la puerta del edificio de la calle Montevideo de donde lo habían sacado secuestrado al general Aramburu.
La vida transcurría normalmente, si es que se lo puede llamar así, normalmente entre secuestros, atentados crueles con bombas que mutilaban y mataban gente inocente. Era “corriente”. Era “normal” desde la visión inocente de un niño de 1° año como era yo.
No me la contaron. Yo lo vi a mi viejo padecer el terror por no saber de nosotros hasta que todos estuviéramos en casa. 
Hoy escucho a muchos habladores hacer crónicas de la época. Todos hablan de una juventud maravillosa que fue perseguida a partir del “24 de marzo“. Nadie dice nada sobre los 1.035 días anteriores en los que todos estuvimos secuestrados.
Es como que a la cero hora del 24 de marzo de 1976, la argentina se convierte en un repollo y de él nacen las historias de Juan Cabandié y Victoria Donda. Lástima que para eso tengan que morir otras historias de crímenes que también fueron de lesa humanidad.
Se dice que el 24 de marzo no tendría que ser feriado y mucho menos, fin de semana largo para seguir la fiesta del turismo.
Magdalena dice en la radio que debería ser una jornada de reflexión en las escuelas para enseñar a los alumnos sobre lo que nos pasó. En las privadas, porque las estatales todavía no se dignaron empezar las clases.
Pero mi historia no vale. Esa parte va a tener que esperar. Todavía no es tiempo de reconocer que se pedía a gritos que alguien se hiciera cargo de semejante desquicio en 1976.
Nadie quiere reconocer aún el alivio que representó “para todos” el 24 de marzo de 1976 porque nos llenaron de culpa y de vergüenza. 
Lo que pasó después es harina de otro costal y motivo de una crónica aparte. 
En esta, quiero que recordemos lo que pasó antes. Porque lo que pasó antes, existió, fue una realidad que yo no soñé y fue determinante de lo que vino después. 
Prefiero la anestesia del fin de semana largo a que nos cuenten una historia tan parcial.
La verdad ayudaría a perdonar y traería la verdadera paz. Lo que tenemos ahora es una gran injusticia porque las verdades a medias se convierten en mentiras.
En este 24 recordemos también a las victimas de la subversión. También eran argentinos, tanto como los jóvenes idealistas.
Juan Martín Perkins


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