En estos días escuchamos por este mismo medio al representante de un grupo de camioneros autoconvocados hacer algunas referencias que quiero responder.
Éste siempre fue un tema sensible que subsiste sin resolverse porque se lo posterga sin llamar a las cosas por su nombre.
La demagogia hipócrita siempre nos hereda un problema que se ha vuelto crónico porque no nos respetamos lo suficiente como para decirnos las cosas como son y de frente.
Han elegido este medio, por lo tanto, es procedente contestar por acá.
En primer lugar, reconozco el derecho a reclamar por una tarifa.
Empiezo por reconocer los derechos ajenos para trazar bien clara la línea donde terminan y empiezan los derechos míos, los nuestros, de los productores, los acopios y demás integrantes de la cadena.
Soy productor, sin las adjetivaciones que escuché en algún audio que circula por grupos de wasap.
Estoy seguro que mucha gente del sector agropecuario y del público en general, compartirá conmigo que las relaciones comerciales y sociales entre los individuos deben ser un hecho razonable, optativo, natural, voluntario y amigable… nunca obligatorias y/o producto de imposiciones y violaciones a los derechos de una de las partes. Estoy hablando con conocimiento de causa dado que ya fui obligado a abortar un operativo de carga por un grupo de señores autoritarios que se presentaron en mi propiedad y violentaron mi voluntad y la de todo el equipo de trabajo que llevaba a cabo la tarea, incluso sus colegas, sin entrar en mas detalles.
Los que conocen nuestra actividad, saben la importancia que le adjudicamos a “la palabra empeñada”.
Durante la cosecha de cebada y trigo se hicieron negocios con la entrega diferida que debían hacerse efectivos en estos días de fin de febrero y marzo. Las condiciones comerciales estaban acordadas y deben ser respetadas en su totalidad.
Para nosotros, es palabra santa y representa una condición básica y fundamental para permanecer en esta actividad.
En los 25 años que llevo trabajando con el “denostado” Señor Grobocopatel, NUNCA, ni una sola vez, se faltó al cumplimiento de un acuerdo.
Jorge fue mi amigo y siento la necesidad de desagraviarlo. A él y a su empresa, que hoy le da trabajo a tanta gente bajo la dirección de su hijo Daniel. Es oportuno recordar hoy, que cuando a Jorge Grobocopatel, le dio el ACV que finalmente terminó con su vida, le tuvieron la planta bloqueada durante un mes entero, como para probar el temple del hijo que se hacía cargo. ¿Sirvió para algo mas que para provocar sobre costos y demás perjuicios?
Reitero, es justo el reclamo por una tarifa. Pero todo lo demás no corresponde a un país libre y civilizado como pretendemos ser mientras le ponemos palos en la rueda y el freno de mano a fondo.
Tenemos todo el derecho de desarrollar nuestra actividad de la manera que creamos mas conveniente, contratar los servicios de quien se nos de la gana y comercializar con quien mejor nos parezca.
Nadie se puede meter con la soberanía de nuestras decisiones en el desarrollo de la actividad. Solo la ley.
Quienes lo entendemos así no somos pícaros ni explotadores que nos quedamos con lo que no nos corresponde, como se pretende hacer parecer siempre.
Es recurrente apelar al recurso del discurso fácil. Buscar un culpable y hacerlo responsable de las incapacidades propias.
Lo mas fácil es echar la culpa a los ricos, a Lartirigoyen al Ruso a Cargill…. y erigirlos en demonios!!
¿Hasta cuando esta mediocridad? ¿No es hora de mirarse hacia adentro y ver que es lo que hay que cambiar?
Este sentimiento anti empresa y acciones que, se declaman en bien de todos pero producen el efecto contrario, no nos llevan a buen puerto.
Primera regla para salir de un pozo, dejar de cavar.
Juan Martín Perkins.
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