sábado, 17 de diciembre de 2016

LA FE PRÁCTICA DEL BOCHA



Fe práctica.
El “Bocha” es mi peluquero. Es un personaje muy divertido. Un atorrante de aquellos que se ríe en explosiones de franqueza.
Hace años que me roba la plata cortando tres pelusas locas para acomodar el nido de carancho que siempre es mi cabeza por fuera y por “dentro”.
No es un psicólogo pero siempre salgo de allí un poco mas en paz de cómo entro.
El Bocha te conversa de fobal, de la seca o la inundación, de el “loco”, la Cristina o lo que su víctima proponga. El sabe de todo y a todo le aplicará su genial filosofía.
Me gusta escucharlo pero me cuesta indagar sin que él se de cuenta.
Ayer me regaló una historia de su vida. De esas que uno no sospecharía en un atorrante.
Como vivo en actitud de reportaje, cada tanto, tengo mi premio en leyenda urbana.
Resulta que “El Bocha” estaba en la cola que le correspondía por número de documento. Terminaciones 1 y 2.
El milico que llamaba a grito pelado desde la ventanilla, le presagiaba lo que le depararía su año próximo:
Un año al pedo bajo el tormento de la arbitrariedad gritada desde la ignorancia. Estaba convencido que era así, porque para él, el servicio militar era un “atraso” en su carrera.
El vino a “hacer algo” que no es correr, limpiar y barrer al pedo en un cuartel. “Yo quería decidir donde hacerlo y para quién”
Contó 1, 2, 3, 4 …. ¡13!!!! Para colmo 13 en la fila. “¡Ni por puta me salvo!” pensó, y así, mientras esperaba su turno para la revisación médica, se le ocurrió que podía pedirle a la Virgen que le echara una mano.
No sabía rezar ni tenía idea de como hacer para pedir, pero cerró los ojos y pidió a la Madre con toda la Fe de quién nunca había tenido catecismo.
Estaba tan “flojo de papeles” y se sentía tan vulnerable, que para reforzar la intención, ofreció entregarse a la Virgen visitándola en Luján.
¡Se salvó!.
Seis meses después, sentado en el “Sportman” se puso a pensar mientras esperaba un tostado.  Su peluquería propia ya estaba funcionando, corría el año 72 y a los 20 años no le sobraba nada pero tampoco le faltaba.
Cuando el mozo le sirvió la comida, junto con el plato, se le activó en la conciencia aquella promesa incumplida. Ya le pesaba mucho la mochila que no había ido a descargar a Luján.
Con el tostado atragantado corrió a decirle a sus padres que no lo esperaran porque tenía algo que hacer en Luján.
Vi la luz en sus ojos cuando contaba su encuentro con la Madre.  Ese atorrante comedor de asado en peña de camioneros sigue siendo el muchacho de 20 años que se salvó de la colimba.
Él dice que no sabe rezar y no se anda con convenciones. No sabe en que cree pero sabe que alguien o algo vigila desde algún lado que éste caos no se desmadre.
Descargó su mochila ese día en Luján y se comprometió a “dar” algo del producto de su trabajo. Desde entonces, vive en la búsqueda de “no sabe que”. No me dejó llamarlo Dios.
Su fe lo lleva para acá y para allá, siempre rebelde y cuestionadora.
Consultó con un cura que se ganó su aprecio y consideración. Bocha no la va mucho con los curas pero Julio Vicario… supo entrarle. (otro rebelde cómo él).
Bocha confesó no saber NI rezar y no creer en boludeces, pero que sentía la necesidad de hacer algo porque sino “el hombre estaba perdido”.
Vicario fue un “gran cura” y, sobre todo, un hombre sabio. “Tu tienes una fe práctica” y tienes que hacer lo que te parezca que sirve a tu prójimo y complace a la Madre. Eso es lo que te tendrá en paz, y aunque creas que no sabes rezar, lo estarás haciendo en cada uno de tus actos. Le dijo el cura de Guanaco.
Hace muchos años que el Bocha, además de robarme la plata haciendo ruidito con la tijera, hace el mantenimiento de las imágenes de la Virgen que están en las rutas de Pehuajó. El lava los vidrios, limpia la imagen con cuidado, corta el pasto con la bordeadora, levanta la basura y hace todo lo que haga falta sin que nadie se lo pida. Nunca en tantos años dejó de hacerlo. Nadie le pide y nadie le paga.
Este corte de pelo fue una ceremonia distinta. Me fui lleno de regalos, el recuerdo de un cura que admiré y una historia de un hombre común de mi pueblo que me obsequió su simpleza en un acto sencillo.
Le agradecí la generosidad de compartir y me atajó con que no lo mal interpretara, que él no era ningún flojo, que se deja ver en el “ plan compartir” de la parroquia sólo porque lo agarran para hacer el asado y porque a su mujer le “gusta servir” pero nada mas. El no anda rezando y esas cosas que hacen los amigos de los curas.
-¿Quién te paga el cuidado de las ermitas Bocha?
– ¡Y dale con quien me paga!  ¡DIOS me lo paga!! Al contado y en efectivo. ¿estas contento?

Le di un abrazo y me fui.
Bocha es mi peluquero. Un atorrante simpático, un hombre común de mi pueblo que tiene una peluquería con aroma a rosas y una fe muy práctica.
Juan Martín Perkins




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