Imagina por un momento que naces y tu mamá intenta asesinarte porque no fuiste la bebita que ella esperaba.
Por un momento ponte en la piel de un bebe que tiene que ser rescatado por su papá.
Rescatado de una mamá que, en su locura demencial, lo quiere matar para liberarlo del diablo.
Vives en San Javier, Provincia de Misiones, límite con Brasil. Hablas portugués, guaraní y “argentino” aunque no sabes leer ni escribir.
A los 9 años tu papá te dice que no le alcanza para criarte mejor, te regala un machete y te pide que te vayas a trabajar a la zafra en el cañaveral.
Esta es una historia verdadera. Este niño existe.
A San Javier también se lo llama “La dulce” porque se destaca en la producción de caña de azúcar.
Queda a 69 kilómetros de Oberá. Tiene 11.000 habitantes y está situada a orillas del río Uruguay.
A los 9 años, Isidro se calzó su primer par de zapatillas que compró con su trabajo y cruzó el río para buscar destino en Brasil.
Le fue bien, tuvo mejor suerte que en Argentina. Podría haber cruzado al Paraguay pero no fue porque no quiere a los paraguayos. “Te sacan el trabajo, y el trabajo es todo” dice Isidro.
Hace cuatro años regresó a la Argentina porque extrañaba a su padre. Conoció muchos tíos y primos pero no tiene amigos. Conocidos si, y compañeros también, pero amigos no. Nunca tuvo tiempo para dedicarse a hacer amigos.
Una vez vio a su mamá en el monte, desnuda, sucia y loca. Estuvo mucho tiempo internada hasta que se escapó y no la encontraron mas.
Isidro nunca cobró un plan, nunca conoció una comisaría y, a pesar de alguna vez haber pasado hambre, nunca robó. Siempre alguien lo ayudó y nunca le faltó el trabajo, porque “si lo buscas lo encuentras” dice con orgullo en castellano bien hablado.
Lo tengo ante mi, come tranquilamente el asado que preparé mientras esperamos que baje la humedad para cosechar.
Isidro nos relata su historia con naturalidad. “Así es la vida, yo agradezco que mi papá me pudo criar y hoy estoy acá”
Alguien le dijo en el ingenio azucarero que se fuera al sur y acá está. Vive en General Arenales, pudo alquilar una casa y tiene el proyecto de casarse con una chica que lo tiene enamorado.
Su máximo anhelo es formar una familia, tener hijos y cuidarlos.
Aprendió a manejar el celular y un poco de números y lectura. “Pronto voy a poder leer libros”
Isidro Ramón Godoy se llama Isidro como su padre y Ramón como su abuelo. Uno le regaló un machete para trabajar en La Dulce y el otro, pícaro, se lo robó.
Hoy está frente a mi, relatando sus 20 años con orgullo. Ágil, servicial, bien dispuesto, amable, Isidro no tiene ningún rencor ni resentimiento a pesar de ser un sobreviviente.
Está agradecido de la vida. Sobre todo, porque la semana pasada recibió una llamada de alguien que dijo ser su mamá. No le entendió muy bien lo que decía pero la oyó llorar en guaraní y sueña con ir visitarla. No cree que tenga que perdonarla de nada porque él está seguro de que ella no tuvo intención de hacerle daño. “Alguien le hizo un mal”
Las maquinas salieron a trillar.
Isidro se ocupó de rescatar las sobras de arriba de la parrilla, las envolvió en papel de diario y, guiñando un ojo dijo, “copetín pa la merienda”. Trepó al Pauny de un brinco y salió a descargar la máquina con la energía y la alegría de un muchacho que tiene la esperanza y los proyectos intactos, a pesar de todo.
Isidro Ramón Godoy me dio una lección. Una lección sobre como salir adelante en la vida y una nueva definición de dignidad.
Cuando logré sobreponerme del shock me prometí que contaría su historia además de velar por su bienestar y su trabajo.
Al contarla, me estoy dando cuenta que es él quien me ayuda a mi.
Verlo a Isidro en el trabajo y en su actitud ante la vida me reconcilia con la condición humana.
Cuando uno mira hacia adentro, al interior de las personas en el interior profundo de la patria, esa que anda a caballo, en tractor, en un camión, esa que deambula por los campos y los caminos… cuando uno detiene la mirada y la fija en eso que parece invisible pero no lo es…
Es entonces cuando te das cuenta que no está todo perdido.
Juan Martín Perkins.
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