En Le Croissant sirven un café muy bueno.
Hay un par de mesitas donde uno puede ojear el diario o alguna revista de chismes que siempre están a la mano del cliente.
Estaba en medio de mi rico y humeante café cuando la crónica me salió al paso. Quería dedicarla a Guemes, en el aniversario de su muerte, pero no sabía como.
Sabía que el prócer se iba a encargar de convocarme. Y ocurrió.
En la revista del café descubro una nota “Haciendo historia” de Felipe Pigna
Ya el nombre del espacio me predispone mal puesto que Pigna no hace la historia. Podría contarla, en todo caso, si fuera mas riguroso en atenerse a la verdad, pero nunca “hacerla”.
El título de la columna es: “El final de Guemes, el padre de los pobres”
Éste es el personaje que “hace” la historia. Martín Miguel de Guemes. Su muerte no fue su final sino el paso a la historia y no se reduce a los pobres sino que su paternidad alcanza a la patria entera.
Me convoca rescatar a estos personajes, que son de todos los argentinos, de las fauces de los revisionistas que acomodan la historia a la conveniencia del relato político actual al que intentan favorecer. Así es que moldean a su antojo la figura y la imagen de los próceres. Los hacen peronistas, padres de los pobres, cultores de la lucha de clases, vende patrias, cipayos y demás conveniencias según a que causas actuales alquilen la pluma..
Baja estofa, diría mi abuela. Mala fe y deshonestidad intelectual, agrego yo.
Manipulan al prócer en vez de ponerse en su lugar, en su piel y en su contexto. Eso sería lo que respetaría a Guemes y a nosotros los lectores.
Estar allí, con el cuadro completo, meterte en contexto. Caminar en el filo de piedras flojas, ver la quebrada desde arriba. Sentir el viento, oír el trueno de la montaña, palpar la rigurosidad de lo que, en el momento menos pensado, se te vuelve adverso.
Seguir los pasos de mis héroes me aclara el panorama. Esos héroes que viven en los labios de aquella maestra de escuela de campo o de un manual que se hace carne nuevamente y te interpela.
He acompañado a mis generales mas valientes en su vía crucis, en su legendario pasaje a la muerte.
He acompañado a Lavalle hasta Bolivia. Lo he velado en Tilcara. Lo he cargado en brazos, he descarnado sus huesos para lavarlos en el arroyo de Huacalera, envolverlos en su poncho celeste y enterrar sus partes blandas embolsadas en cuero en la capilla de la Inmaculada Concepción.
He cabalgado al norte huyendo de los federales con la cabeza del general en un saco de miel y su corazón en un tarro de aguardiente abrazado a mi pecho hasta cruzar la frontera para que pudieran, sus restos, descansar en paz.
Es para hombres la quebrada y el camino de Jujuy a Potosí. Hoy miramos el encanto del paisaje, los siete colores de los cerros que parecen un muestrario de Alba donde el turistaje circula sin mínimo respeto dejando un basural espontáneo a su paso.
Pero no tenemos que olvidar que la quebrada es testigo de nuestro nacimiento como Nación.
El éxodo jujeño con el gran Belgrano fue otra excursión emocionante. General gigante de cuerpo pequeño y voz aflautada con aspecto de enfermo que dejó tierra arrasada en un paso ejemplar.
No quiero aburrir con historia conocida. Solo trato de explicar lo que se siente estando in situ invocando a Guemes…
Intento hacerte sentir una bala entrándote en las carnes por el coxis. Sentir que se aloja en tu pelvis y que la adrenalina se te dispare al límite neutralizando al dolor..
Le han dado al general Guemes que estaba en casa de la Macacha, en la calle de La Amargura (hoy Balcarce). ¡Le han dado al general! Que pechaba junto a su escolta a la carrera en medio de una emboscada por las calles de Salta.
Todo la noche a caballo huyendo de los realistas entre la espesura de los montes, desangrándose, con un tiro en el medio de su orgullo gaucho.
Lo he acompañado hasta donde agonizó diez días.
Llegamos con la última luz de la tarde, justo el horario en que murió aquella tardecita de Junio de 1821.
El termómetro del Corolla me marcaba -2°.
El negrazo Salteño que me acompañó se persignó. Con voz quebrada me hizo su sentido relato y comprendí como es que, en Salta, el general muere cada día.
Ha visto? Pues lo han traído hasta aquí, la Cañada de “Las Horquetas” porque en su finca de “La Cruz” seguramente lo esperaban para robar el cadáver y los gauchos no lo íbamos a andar entregando.
Yo podía sentir el orgullo y la emoción de ese gaucho que hablaba de “mi general” como retrocediendo el reloj 200 años.
Recé mi plegaria y despacio me fui internando en la espesura tratando de escuchar, oler, ver en el lugar su cuerpo delirando recostado bajo el monte. Presa de la gangrena, sin antibióticos ni analgésicos.
Entregado al amor o temor de sus gauchos que lo creían inmortal; pero también entregado a la ignorancia, la superstición y la brutalidad del medio que él lideraba.
Estaba helando fuerte. Sentí el dolor de la carne pudriéndose en vida sobre un catre bajo la enramada, apenas envuelta en un poncho federal.
Sentí el duelo del gauchaje custodiando al caudillo que paró a los realistas en el norte.
Lo imagine lúcido hasta el último momento, como dicen los libros, y dando consuelo a su segundo que no iba a tener huevos para seguir la empresa del general.
Todos conocemos la historia ¿no? Vivirla hace la diferencia, estar allí y conversar con uno de sus gauchos… eternos.
Corta pero intensa vida. Murió a los 36 años, combatiendo desde los 14.
En las invasiones inglesas dirigió una carga de caballería que abordó un buque de guerra encallado por una bajante repentina en el Río de la Plata. Curiosa hazaña, un buque de guerra capturado por una partida de caballería dirigido por un chico salvaje de 14 años. Así era Guemes, el único general del ejercito argentino que murió en combate durante la guerra de independencia.
Alguno me dirá que estos son personajes discutidos. Ya lo se, y no tiene que estar en nuestro animo juzgarlos, idealizarlos ni denostarlos. Solo tenemos que ponernos en su contexto.
Güemes hizo historia!!!!
No se lo entreguemos al revisionismo para que lo transforme en relato.
Juan Martín Perkins.
No hay comentarios:
Publicar un comentario