sábado, 18 de noviembre de 2017

TATARABUELO


En la frondosa biblioteca de mi madre, dentro de la novela “Sobre héroes y tumbas” de Ernesto Sábato, apareció un pequeño recorte del diario La Nación de 1961 que guardé como un tesoro.
Ahí está el tatarabuelo, un hombre de verdad.
Dice La Nación que don Matías Ramos Mejía, tatarabuelo materno, nace en Agosto, 2 de 1810 y se gana un lugar en la historia por participar en la lucha armada contra la dictadura de don Juan Manuel de Rosas.
El artículo en mi poder refiere a datos relativos a su carrera, extractados de unos apuntes escritos y publicados por el general don Bartolomé Mitre para los primeros ejemplares de La Nación.
Cuenta el general Mitre: “El coronel don Matías Ramos Mejía fue uno de los que prepararon la revolución del sur, levantándose en armas contra Rosas en el momento en que ostentó su máximo poderío.
Después de la derrota de Chascomús, se incorporó a las fuerzas del general don Juan Lavalle, jefe a la sazón de la cruzada libertadora.
Sucesivamente, recorrió combatiendo toda la república, acompañando en su suerte varia al ejército libertador en Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy hasta que la infausta batalla de Famaillá puso fin a aquella memorable y desgraciada campaña, cumpliendo el último deber de salvar el cadáver de su general y llevarlo a tierra extraña para traerlo después a la patria. Se batió en Yerua, en San Cristóbal, en El Sauce, en Quebracho Herrado y Famaillá.
Emigrado a Bolivia, donde gobernaba su pariente, el general don José Ballivián, mereció honores y consideraciones. Vuelto al país, alistóse  después de Caseros en las filas del nuevo partido Liberal, que reorganizó la República sobre las bases de su credo político y al cual fue siempre fiel, así en la prosperidad como en la desgracia.
Toda vez que sus correligionarios fueron llamados a la lucha política o a la protesta armada, Ramos Mejía acudió de los primeros a ofrecer su fortuna y su concurso, con sus soldados voluntarios, armados y montados a su costa.
Su vida, consagrada y desinteresadamente al servicio de la patria, su generoso carácter, que se granjeaba las simpatías de todos, su modesta abnegación, que le hacía ser el primero en el sacrificio y el último en buscar la recompensa, que siempre rehusó, hacen de la personalidad de Ramos Mejía un tipo de soldado noble y caballeresco”. Fin de cita de Mitre.
Cuando leí esta reseña del tatarabuelo entendí el Romance de la muerte de Juan Lavalle que escribió el maestro Sábato que tanto emocionaba a mis padres.
Entendí el hechizo de esa historia de hombres fuertes que descarnan los huesos de su general a la orilla del arroyo Huacalera.
Entendí el símbolo de envolver los huesos con un poncho celeste, echar la cabeza en un saco de cuero y cabalgar hacia el norte con el corazón de tu general dentro de un tarro de aguardiente.
Así lo escribió Sábato en su romance y así lo cantaron Falú, Mercedes Sosa y Los Fronterizos con el acompañamiento del piano de Ariel Ramírez y el charango de Jaime Torres.
Nuestro país está lleno de historias de hombres GIGANTES como el tatarabuelo. Hombres que cabalgan con un tarro apretado al pecho para no entregar las convicciones. 
Les cuento sobre el tatarabuelo porque hoy es el día de la militancia en el calendario peronista que recuerda el regreso de su líder tras 18 años de exilio.
Lo festejaron haciendo la v de la victoria en la puerta del penal donde tienen a sus generales.
La lealtad es siempre respetable pero es bueno marcar las diferencias… una cosa es cabalgar abrazando el corazón de tu general y otra cosa muy distinta es cabalgar abrazado a un bolso lleno de euros y dólares hasta el convento de las hermanitas y el obispo k que te preparan los buñuelos….
Que contraste ¿no? A veces parece que somos dos Argentinas… pero somos la misma.
Juan Martín Perkins


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