Una reflexión sencilla sobre la carga a los contribuyentes que significa este tamaño de Estado.
Es sabido que somos un país Tuerca. Morimos por los fierros y la burocracia toma cuenta de este dato.
La chata, la moto o el auto nos son mas prioritarios que la casa. Es así de alterada nuestra escala.
Compramos casi un millón de autos por año y no se cuantas motos, pero seguro que muchas. También amamos los camiones, las cosechadoras y los tractores. Es como que tenemos un amor idílico con los motores.
¿Nos hemos preguntado por qué son estos bienes tan caros? En todos los casos, en nuestro país, casi TRIPLICAN EL PRECIO. No el valor, porque la calidad deja bastante que desear.
Nuestra mentalidad cerrada, sustituidora de importaciones via prebenda industrial, nos hace esclavos y nos impide advertirlo.
El año pasado tuve oportunidad de viajar a Chile y me sorprendió su parque automotor. Modelos de línea mas moderna que los nuestros y al 40% del precio que pagamos en la Argentina a pesar de ser absolutamente todas las marcas y modelos importados.
Cuál es la razón por la cual no podemos comprar un auto en cuotas con nuestra tarjeta de crédito. ¿Por qué no podemos entrar a una agencia y salir al cabo de una hora montados en un carro nuevo?
Acá, manifiestas tu deseo de adquirir un auto y lo primero que te sucede es que tenes que probar el origen de los fondos con que lo vas a pagar al “contado“. Se presume que sos un narcotraficante o estas lavando plata de algún acto corrupto.
Si pasas la prueba de autenticidad de cliente entonces te informarán que habrá 3 meses de espera y te pedirán que elijas 3 colores alternativos a saber: blanco, blanco perlado y blanco nieve… o nada y andá a cantarle a Gardel.
El precio es un ojo de la cara pero te avisan que además es abierto, sujeto a modificaciones que pudiera realizar la terminal, concluyendo la frase en que, con respecto a tu usado, la chica de recepción te facilitará un tarro familiar de vaselina para que te lo guardes donde mejor te quepa porque la agencia no está tomando usado.
Al cabo de 90 días, un alegre vendedor que ya se considera tu amigo, te comunicará que como hay cuatro pedidos y vinieron sólo tres unidades, el gerente decidió que uno es para vos pero hay que poner 50 luquitas adicionales y tendrá que ser color marrón diarrea estival. ¡Y pones las 50 sin chistar!!! No vas a perder esa brillante oportunidad de pagar un sobreprecio y entrar en el selecto club de fomento a la corrupción.
Cuando finalmente te sentas en la maquina y llenas los pulmones con ese aroma a nuevo, tu amigo te notificará que te falta todavía un curro mas.
Te falta el curraso que será el tiro de gracia… el REGISTRO DE PROPIEDAD AUTOMOTOR!!!
Si creías que ya estabas, te equivocaste hermano. A seguir pagando impuestos. ¿Te preguntaste por qué es tan caro patentar? Sacar libre deuda para transferir, verificar autopartes, grabar cristales, contratar seguro….
Tenemos la ilusión de comprar un auto. Sobrevaloramos ese berretín tan argentino y nos entregamos al placer. Bueno, vos lo sabes pero igual te lo digo: te violan de parado.
Un fabricante de autos me dijo una vez que los autos deberían valer el 40% de lo que valen si no tuviéramos al Estado financiando semejante gasto público.
Si te parece un robo… anda sabiendo que el ladrón es el Estado. El gran costo argentino es esta maraña de tramites burocráticos que nos obligan a deambular de ventanilla en ventanilla para alimentar las cajas de recaudación con nuestra sangre. La tuya, la mía, la del taxista, la maestra o cualquier pobre o rico que pretenda acceder a un bien tan sencillo y popular como un auto.
¿Y por qué no hacemos nada para cambiar esta realidad?.
Se nos ha hecho carne que el Estado debe estar presente en todos los ordenes de nuestra vida. Cada cosa que sale mal nos dispara la frase “el Estado ausente”. El Estado tiene que educar, curar, alimentar, dar trabajo, asistir al necesitado, al inundado, al enfermo, al pobre, al indigente, al industrial, a los jubilados, a los científicos, a los artistas…. ¿Y de dónde creemos que sale la plata para todo eso?
Adivinaste, la plata no la defecan los monos, sale de nuestros impuestos… y cuando no alcanza el gobierno emite y genera inflación o se endeuda. No queda otra.
No nos hagamos los distraídos. Lo sabemos y lo aceptamos, por eso pagamos todo tres veces su valor.
Al margen de lo chorros que fueron los gobiernos que fomentaron estos sistemas perversos y enfermos, tenemos que tomar conciencia de nuestra responsabilidad. Tenemos que darnos cuenta de que somos adictos al asistencialismo, somos incapaces hasta de educar a nuestros hijos sin la tutela del Estado. Y eso va en contra de nuestra dignidad y libertad.
#Cambiemos. El poder está en no asustarse de él.
Juan Martín Perkins
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