sábado, 24 de marzo de 2018

CUTU

Un amigo me cuenta la experiencia de compartir un momento maravilloso con su hijo menor.
Lo llamamos Cutu y es un personaje que conozco desde que nació.
Tiene 7 años y es muy compañero de su padre. Un chico bueno y muy bien educado.
El Cutu acompaña a su padre al campo, todo le interesa y lo entusiasma. Tiene todos los sentidos dispuestos y empeñados en absorber conocimientos. Pregunta todo y está siempre atento.
Le ceba mate al padre mientras esperan a un veterinario que les va a revisar unas vaquillonas.
A la orilla de un arroyo que baja serpenteante de la sierra, en Balcarce, el Cutu, pensativo, le llama la atención al padre y le pregunta: ¿Vos sabes explicarme porqué los palos flotan en el arroyo?
Mi amigo es un buen padre. Da a sus hijos lo mas preciado que puede dar: tiempo, atención, comunicación y verdad.
Cutu tiene ahora una idea perfecta de porqué flotan los palos en el arroyo. También sabe cómo, porqué y por dónde nacen los bebes y los terneros, los pollos y las ballenas o todo bicho que se te ocurra preguntarle. Sabe rezar y sabe que es muy malo mentir o engañar. A pesar de todo lo que ya sabe, pregunta, pregunta y pregunta.
Cutu y su familia viven en una chacra a 18 km de la ciudad. Va a la escuela pública y vive el drama de muchos días sin clase que sus padres tienen que suplir con mucha dedicación. No es fácil, pero la van llevando, no queda otra que pelearla. Los chicos merecen tener su oportunidad.
Les cuento sobre Cutu porque creo que se lo debo. A él y a todos los chicos y sus familias inocentes de toda mezquindad. Familias trabajadoras que, con dificultad, luchan por salir adelante, criar y educar a sus hijos en el ejemplo.
Les cuento sobre Cutu, el hijo menor de mi amigo, porque él y su familia son una muestra de lo más preciado que tenemos como sociedad.
Las familias unidas lo resisten todo. La guerra, la enfermedad, la muerte, la seca, la inundación y toda adversidad. Las familias que se aman en unión pueden resistirlo todo .
Las familias hacemos la sociedad y ese criterio de unidad debe ser extensivo para hacer un mejor país.
Debemos pensar en manos de quienes depositamos la confianza. Tenemos que revisar muy bien los sistemas que no están funcionando. Faltan no solo en “cantidad” ya que el déficit mas grande de nuestra deuda educativa es de “calidad”.
Esta semana escuché a la gente de un gremio de la educación, que en conferencia de prensa leyó un comunicado. Me obligó a interiorizarme en el tema. 
Me alarmó mucho el episodio. Pensé en Cutu, en su inocencia y  pulsión por informarse y aprender, y me angustió mucho el mensaje contradictorio que puede recibir de los adultos que se comportan así en ámbitos institucionales. Ni pensar en las aulas…
No quiero llenar de adjetivos a este episodio bizarro que ocurrió en el HCD de Pehuajó. No se ni como llamarlo, mucho menos describirlo. Solo se que me avergüenza; y que uno como padre puede explicar casi todo a los hijos… sabemos explicar porqué flotan los palos en el arroyo, pero hay cosas que nos resultan inexplicables, por lo inadecuadas e incoherentes. 
Esperé en vano un pedido de disculpas que indicara un reconocimiento del error. Pero no hubo una sola actitud que aliviara la pena. Ganó el mal ejemplo y después, como siempre, se le echó la culpa a los fantasmas conspirativos que siempre usan para faltarnos el respeto. Así queda la duda para siempre. Así perdemos todos.
Cutu ya sabe porqué flotan los palos en el arroyo, pero no sabemos como explicarle porque estamos tan desunidos, porque somos tan decadentes y ordinarios para comunicarnos, ni porqué banalizamos tanto las palabras hasta desintegrarles el significado.
Está claro que no estamos ocupados en lo importante. Nadie advierte que Cutu nos está mirando… y aprende de nuestros ejemplos, no de las declamaciones. 
Perdón Cutu.
Juan Martín Perkins.

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