sábado, 17 de marzo de 2018

ZONA LIBERADA

Hay dos categorías de políticos, los comunes y corrientes, y luego está la categoría superior, los estadistas.
Los políticos comunes no conducen ni educan a su pueblo por la virtud, simplemente lo lideran. Interpretan la realidad, interpretan tus deseos y los expresan con más o menos demagogia.
El Estadista, en cambio, no siempre dice lo que queres escuchar, pero trabaja en la verdad y te conduce tras un proyecto que cree conveniente para el porvenir, forzando cambios y corrigiendo rumbos aunque tengan “costo político“.
Vos sabrás discernir que clase de políticos tenemos gobernando Pehuajó, pero yo te voy a pedir un ejercicio que te lleve un poco mas allá.
Te voy a pedir que reflexiones sobre que tipo de pueblo somos. ¿Somos uno al que se le puede pedir sangre sudor y lágrimas, o somos algo mas parecido a Sodoma y Gomorra donde no se puede pretender, siquiera, que se respete un semáforo?
Cuando ocurrió la “tragedia” del encuentro de motos, así en caliente, pensé que el “accidente” tenía que significar un antes y un después.
Vi, en la semana, que hicimos lo de siempre. Buscar un demonio para hacerlo depositario de todos nuestras culpas. Preferentemente buscamos un político o un milico para aplicarle la sanción correspondiente y así purgar las culpas de nuestro inconciente colectivo.
Sabemos la calidad de políticos que tenemos, una y otra vez nos lo confirman. ¿Pero nos atrevemos a ver el tipo de pueblo que somos?
Somos lo que años de GARANTISMO, POPULISMO y RELATO hicieron de nosotros. Nos dejaron incapaces de organizar con orden y seguridad la salida de chiquitos de un jardín de infantes.
Los políticos que tenemos gobernando Pehuajó barrenan la ola y nos dan lo que queremos. “Pan y circo con ZONA LIBERADA“, solo que esta vez tuvieron mala suerte..
Lo que pasó en el encuentro de motos tiene responsables directos pero también tiene relación con como somos y con como nos dejamos gobernar.
Dejemos de llamarlo tragedia.
¿Qué nombre le ponemos a lo que pasó en el acceso? 
Si llamamos “accidente” a una moto en willy o palito que se lleva una vida… faltamos a la verdad, nos mentimos a nosotros mismos.
¿Cómo llamamos al “acto solidario con colaboración ciudadana” que desaparece la moto y altera la escena antes del peritaje de la policía científica?. ¿Delito penal? Deberíamos, porque es lo que es. Uno tras otro.
¿Cómo llamamos a que nunca haya padres ni tutores responsables aportando criterio como para parar lo que TODOS sabíamos que terminaría mal?
Siempre me pregunto donde estamos a la hora de educar y prevenir. ¿Dónde estamos antes? Para no terminar después en una marcha…. cuando ya es tarde.
Nos desvela el país que les dejaremos a nuestros hijos, ¿y los hijos que le estamos dejando al país?
Somos expertos en matar al mensajero, porque no nos gusta que nos marquen un error, pero reflexionemos. No sirve encontrar y condenar a un demonio.
No nos devuelve vidas, ni orden, ni prosperidad, ni bienestar ni nada. Lo que sirve, es aprender a ver la realidad y demandar cosas diferentes. Aportando y exigiendo lo que corresponde.
Y cuando hagamos eso, estos políticos comunes y corrientes salidos de nuestro seno social, leerán nuestra “nueva realidad” y empezarán a ofrecer políticas según nuestras “nuevas” demandas.
Los pueblos siempre tienen los gobiernos que se merecen y la realidad que se construyen. Siempre.
Este doloroso episodio que terminó con la vida de Yamíl Adrián Herrera Wenceslao, QEPD, tiene que servir para preguntarnos porqué no hemos solucionado aún el tema del tránsito en modalidad ruleta rusa.
Se ve que solucionarlo es una acción que supone un alto costo político. Eso habla de que tipo de político es nuestro intendente, pero también, de que tipo de pueblo somos.
Hubo un señor, vaya desde aquí mi homenaje y agradecimiento, que se presentó a hacer la denuncia policial 3 horas antes de la tragedia. El Sr Alejandro Mutti se convirtió en un faro ciudadano. Debimos haber sido miles acompañándolo.
Pehuajó precisa más ciudadanía. De ella saldrá un estadista…. y todos daremos un salto de calidad.
Juan Martín Perkins

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