Mucho se ha escrito y está documentado por millones de fotos que circulan por la red. Eso no se los voy a contar. Trataré de aportar un cuento interno. Tan interno como las tripas y el corazón.
La imaginación, la chispa y el humor popular quedó plasmado en los carteles que dieron la vuelta al mundo comunicando el mensaje de sentido común del rebaño argentino.
El rebaño sin pastor deambuló por las calles dando un nuevo testimonio. Fue como en la noche de los museos.
Recorrimos a paso de “pisadita para elegir equipo en el potrero del barrio” El desplazamiento fue lento porque la calle estaba llena a reventar.
En paisano… estaba hasta las muelas.
En “noche de museos” recorremos como rebaño fraterno las sedes de las instituciones que han sido convertidas en prehistoria avasallada. Marchamos al rescate de lo que era y ya no es pero volverá a ser.
Ponemos el cuerpo por lo elemental y fundamental. Es imprescindible.
Callao y Santa Fé hasta la 9 de Julio. ¡Que linda es Bs As!! Los cocineros y mozos de un restaurant parados en la vereda batiendo cacerola y todos los comercios abiertos e iluminados hablan del perfíl de la marcha. Nadie tiene miedo, nadie baja la persiana. Es la primera vez que veo aprobación en la expresión de los porteros de edificio. Siento orgullo y me emociono. La gorda con gorro blanco de cocinera me cruza la mirada y la siento mi hermana.
Doblamos hacia el obelisco. Mierda! Se me caen los lienzos. Me pellizco y agradezco a Dios que me permita compartir esto con la chimanga y nuestras hijas.
En el obelisco cantamos el himno. El de la cancha, el de la escuelita de campo, el de la colimba, el mas emocionante de todos los himnos porque me siento la envidia de Roberto Carlos. Por mi cuenta debemos ser 2.000.000 de amigos maltratando la garganta con la mano sobre el corazón.
Por Diagonal hasta Plaza de Mayo para ver la rosada desde lejos porque la okupa la mantiene vallada.
La catedral de Francisco que nos pide unión. El cabildo, testigo silencioso de un pueblo que quiere saber de que se trata y que sale a la calle a reclamar respeto.
Miro para arriba y me encandila la majestuosidad de esta ciudad. Avenida de mayo rumbo al congreso es el reflejo de un país que imaginamos pero que no somos. Quienes construyeron esta ciudad, seguramente no lo hicieron para que la habitara gente avasallada.
El abrazo de mi hija me hace sentir que puedo llegar a merecerla.
El espectáculo que veo en el congreso es sorprendente. La gente se trepa a las molduras de losmuros, a las rejas y a la luminaria como si fueran arañas.
Papá, (dice mi Juana) me siento en “Los miserables” parece que estuviéramos en la revolución francesa participando de una “barricada del pueblo”.
Atrás viene una columna de jóvenes murgueros vestidos con la vino tinto y gorro a la Capriles cantando con ritmo y alegría. Y no, y no, y no / y no me da la gana / tener un socialismo / igual a la cubana.
Hace 4 horas que marchamos, duelen la piernas y la cintura como si hubiera galopado 50 leguas sin dormir pero el corazón no cabe en su lugar y nos anima a seguir con alegría.
A veces te preguntas para que sirve una noche de museos. No se puede explicar a alguien que no lo vivió nunca.
Para compartirlo hay que ser graduado en la universidad de la “tilinguearía” como dicen los que nos aporrean.
Para compartirlo hay que ser de la promoción “autoconvocada” que hizo un master ciudadano en darle asco a Fito Paez. Somos la mitad que da asco.
Entro al congreso para comer el postre. Abrazado a mis hijas le canto al hijo de puta de Boudou que quedó encerrado en su despacho. En este momento es “nuestro presidente” porque cristina se escapó a Venezuela.
Este es el momento mas emocionante de la noche porque en medio de una multitud anónima, súbitamente, empiezo a abrazarme con la elite autoconvocada que estaba en la primera línea, en el fuego. Apenas me la banco. Finalmente me encuentro al final del camino, a las patadas contra la puerta del nido del poder corrupto estaban los asquerosos que nunca se rinden, los que llegan hasta el final,los que siempre están cuando hay que poner y cuando hay que jugársela.
Me dedique a juntar todos los abrazos que pude y me di cuenta que eso solo ya me alcanza para seguir luchando.
Le voy a poner como título “Los Miserables”.
Pertenecemos a un grupo de miserables que dan asco porque impulsamos un “proceso” que viene evolucionando en la búsqueda del sendero de la virtud.
Lo nuestro no es espasmódico. No es el sueño de una noche de verano. Siempre estamos y es muy lindo ver que cada vez somos mas.
Nadie puede ni podrá ir por todo.
Es duro ir tan despacio pero sabemos que no podrán con nosotros. Lo sabemos desde el principio.
En el regreso a Pehuajó, escuchando a Lanata con Abel Albino hablar sobre el país que no supimos conseguir, me seco las lágrimas a 160 kms por hora.
Tenemos todo, no hay derecho a resignarse y aceptar esta tragedia.
Mis hijas y la chimanga duermen.
Yo velo armas para el 24.
Les escribo esto porque al llegar a Pehuajó mi hija menor me dió un beso y me agradeció por haberle regalado una “experiencia inolvidable”.
Sentí que tenía que compartir porque es una experiencia que estamos construyendo entre todos. Especialmente con algunos que siempre están.
Otra misión cumplida.
querido, que pluma sublime! Me emociono y te envidio al mismo tiempo...
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