domingo, 28 de abril de 2013

Maravilla Campeón del Relato

Perfil, por citar un diario, dice en la tapa que miré de reojo al pasar por un kiosco que “Maravilla hizo delirar al pueblo argentino” ¿No será mucho?

En mi versión no es tan así.

El pan y circo es global, reconozco. Para ver la pelea interrumpí la película ARGO, ganadora del oscar de este año, que alquilé en el video de mi pueblo y que esperaba ver con mucha expectativa.

Pan y circo americano, con otro nivel por cierto. Pero pan y circo con trayectoria y tradición.

En el caso de Maravilla es distinto.

No soy experto ni aficionado siquiera a ver este deporte, pero lo fui en épocas que empezaron con Ringo arrodillando en la lona a M Alí.

Tengo en la memoria esas noches o madrugadas en que me acostaba al lado de mi viejo para escuchar la pelea en su radio. Siempre eran dramáticas, épicas, heroicas.

Transcurrían en Las Vegas o en lugares fantásticos promocionadas por grandes estrellas que protegían pupilos surgidos de la mas extrema pobreza y marginalidad.

Grandes gladiadores populares sacudieron sus neuronas hasta desconectarlas sobre el cuadrilatero. Todos sin excepción terminan disminuidos en sus capacidades y en la pobreza.

Anoche interrumpí Argo para reincorporarme al mundo del “arte” de demoler humanidades.

Me encontré un espectáculo clásico. Derroche de medios económicos por parte de un estado y sus empresas inviables que se desesperan por captar la atención del público en el afán de cobijar al gran campeón.

La formula es siempre la misma. Siempre da asco.

El arte de demoler humanidades no se limitó a las neuronas y el físico de Maravilla-Murray. El arte es extensivo a todos los participantes de la fiesta bajo los relámpagos y la lluvia.

Como dice Perfil, en su delirio, el público vivó al campeón creyendo recuperar las Malvinas en el mismo acto, como cuando Maradona hizo el gol con la mano.

Nada salió de la línea. Aerolineas, YPF, los consejos a la juventud que vota por primera vez a los 16 años, el aviso del campeón caminando por las calles de Bs As diciendo que “el es uno mas de 40 millones de campeones”, calle 13 y el tema que acompañó al campeón desde los vestuarios al ríng, todo va en el mismo sentido.

El problema, como en todos los ordenes, es cuando te dicen por el micrófono “segundos afuera” chocas los guantes y empieza la pelea.

Gran metáfora de la argentina. Se acaban las jetoneadas de lo voy a lastimar, en el 7 se acaba y todas las huevadas que se dicen para la promoción. Lo que se llama “el RELATO” al que somos tan adeptos.

Maravilla siempre me sonó a producto de la invención inteligente de la política. No tiene historia pero cuando lo ví obtener el título, le reconocí aptitudes técnicas por mas que no me gusta su estilo “sobrador” y la imprudencia chocante de su discurso.

En la pelea de anoche creo que recibimos una nueva lección que quizás la mayoría nunca aceptará.

Murray se habrá ido arrepentido de no haberse animado. Por lo que ví, de no haber especulado por respeto, la pelea era de él.

Nadie obtiene el título especulando. Para ganarle a un campeón sin noquearlo tenes que exhibir mucha actitud y el no lo hizo. Pero al relato Maravilla no le queda NADA que festejar.

Un campeón que besa la lona dos veces y gana por puntos “de sutura en toda la cara” tiene que llamarse a decoroso silencio en vez de vociferar gracias Néstor fuerza cristina.

El arte de demoler humanidades es extensivo a los que exhiben su desconexión neuronal entonando bajo la lluvia su resentimiento manifiesto. Esa argentinidad al palo que resiste cualquier bajeza sin siquiera tomar conciencia de ella. Le robamos al ingles y quien le roba al pirata…

Dejando el relato de lado, por lo que pasó en el ring, pulgares abajo.

Con la guardia baja y la expresión fiera diciendo te mato, nunca menos, voy por todo, YA NO ALCANZA

Maravilla sufrió y quedó desnuda su vulnerabilidad, su falta de contundencia en la pegada y el verso de a solo corazón no alcanza. Esta puede ser su última vez porque el próximo ya no lo respetará.

Cuando terminó la pelea retorné a ARGO. Fue una buena excusa para privarme de los saludos y discursos post velada heroica a la Osvaldo Principi. Pobre patria mía. ¡Cuanta desconexión neuronal!

40.000 soldados del pingüino cantando bajo la lluvia las vivas a su campeón de cartón mientras toda la ciudad tiembla con el síndrome del inundado. Metáfora de los dos países que habitamos a las trompadas.



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