Te dije que tendrías la sensación de que Argentina no puede salir de la rotonda.
Damos vueltas y vueltas pero siempre estamos en el mismo punto.
Apenas asumió Perón ya la suerte estaba echada. La filosofía que lo orientaba era una política distributiva y no productiva. La bendita “distribución de la riqueza” ya creada y como si fuera una torta inagotable a la que solo hay que repartir con ecuanimidad.
Esa fórmula suicida nos sumió en un nuevo fracaso, como tantos, en estos años de vueltas de rotonda.
Los compromisos con la izquierda que en su momento Perón asumió desde su exilio, pesaron mas de lo que él mismo había previsto.
Una ley de contratos de trabajo inauguró una nueva palabra: “ausentismo”. Un rígido control de precios artificial produjo el desabastecimiento y el mercado negro. Una mayoría total en el congreso y la apatía generalizada de la oposición hicieron del palacio legislativo una máquina paquidérmica (como cuando lo llamamos escribanía).
Los argentinos habían optado por una opción popular que parecía tener en sus manos la formula “mágica” para la solución de los problemas… lástima la fórmula económica empleada. Una vez mas el voluntarismo, pensamiento mágico, relato épico y violencia nos pincharon el globo.
El viento se puso de la puerta. La filosofía de la distribución acabó con el mecanismo de la creación de riqueza. Una ley de inversiones extranjeras estrangulaba la posibilidad de apertura a nuevos capitales.
Un déficit impresionante de las empresas del estado agotaba los escasos recursos monetarios. El estado perdía y crecía. Las tres bases que sustentaban ese proyecto se des balancearon y Estado-trabajadores-empresarios se desnivelaron hacia el sector exclusivo de los sindicatos que hicieron fracasar todos los intentos de planes económicos.
Todo muy familiar no? Siempre la misma cantinela.
Los encuentros Perón-Balbín fueron un capítulo aparte en los 1035 dramáticos días de peronismo. Se acercaron, depusieron antagonismos, dialogaron, trataron de llegar a acuerdos. Todo fue estéril, ¿no había base sobre lo cual construir?
“Con éste voy a cualquier parte” dijo Perón con Balbín del brazo, pero no fue ni a la esquina.
El 19 de enero de 1974 un grupo extremista intenta copar la unidad blindada C-10 Húsares de Pueyrredón, en Azul. Los efectivos rechazan el ataque. Mueren el jefe de la unidad Camilo Gay y su esposa Hilda Cassaux. Secuestran al teniente coronel Jorge Ibarzabal.
Mientras escribo miro la foto del hijo del coronel velando a sus padres. La cara de Camilo Carlos Gay resume la tragedia.
Diez meses después, el asesinato del teniente coronel Ibarzabal cerraría uno de los episodios mas sombríos de la guerrilla en la Argentina. Si Perón pensó que con la juventud maravillosa iría a cualquier parte, solo fue al infierno. Y nos llevó a todos los argentinos.
En la revista “La causa Peronista” del 3 de septiembre de 1974, para conmemorar el día del Montonero que sería el 7 de septiembre, Mario Firmenich y Norma Arrostito cuentan: “Como murió Aramburu”
Esta revista, que se publicó con esa tapa, su apelación, su nota central que me exime de palabras era una Argentina que toleró y alentó un relato público con nombres y detalles macabros del asesinato de Pedro Eugenio Aramburu. Un símbolo de la época, triste, dramática.
-General, el tribunal lo ha sentenciado a muerte. Va a ser ejecutado en media hora.
-Cuando pasó la media hora lo desamarramos, lo sentamos en la cama y le atamos las manos en la espalda.
-Pidió que le atáramos los cordones de los zapatos. Lo hicimos. Preguntó si se podía afeitar. Se le comunicó que no había utensillos. Lo llevamos a un pasillo interno de la casa en dirección al sótano. Pidió un confesor . Le dijimos que no podíamos traer un confesor porque las rutas estaban controladas.
-Si no pueden traer un confesor, dijo el general, como van a sacar mi cadáver? ¿Qué va a pasar con mi familia?
-Se le dijo que no teníamos nada contra ella y que sus pertenencias les serían enviadas.
Avanzó tres pasos mas hasta la puerta del sótano y dijo: Ah, me van a matar en el sótano.
-Bajamos, le pusimos un pañuelo en la boca y lo colocamos contra la pared. El sótano era muy chico y la ejecución debía ser a pistola.
-Fernando tomó sobre si la tarea de ejecutarlo. Para él, el jefe debía asumir la mayor responsabilidad. A mi me mandó arriba a golpear sobre una morsa para disimular los disparos.
-General, dijo Fernando, vamos a proceder.
-Proceda.
-Fernando disparó la pistola 9 milímetros al pecho. Después hubo dos tiros de gracia con la misma arma y un tercero con una 45. Fernando lo tapó con una manta. Nadie se animó a destaparlo mientras cavábamos el pozo para enterrarlo.
Este relato escalofriante que leí siendo un niño y nunca mas pude olvidar, me marcó para siempre.
Es para mi una historia muy especial porque ocurrió en mi nariz. A Aramburu lo secuestraron enfrente de mi colegio. Él vivía en la calle Montevideo, enfrente del colegio Champagnat al que me mandaron 2 años por inundación en Pehuajó. Desde la ventana del salón de música donde el hermano Franco nos enseñaba solfeo, se podía ver la puerta del domicilio particular desde donde se habían llevado al general a la luz del día, como panchos por su casa con total impunidad.
Lo mataron a 70 km del campo de mi padre, en Timote, partido de Carlos Tejedor, los pagos de Emilio Monzó que hoy juega en el equipo del PRO.
Convivimos en medio de un drama demencial. Las cosas pasan ante nuestra nariz y nunca vemos nada hasta que después…. Ya es tarde.
Perón era el presidente el día que Firmenich y Arrostito publicaban esta nota. Perón era sostenido por esta “juventud maravillosa” a la que había alentado desde el exilio para poder regresar con “banca“.
La situación pasaba de castaño a oscuro y llegaba el momento de rajar de la plaza a los imberbes.
Hasta el próximo domingo.
jmp
Damos vueltas y vueltas pero siempre estamos en el mismo punto.
Apenas asumió Perón ya la suerte estaba echada. La filosofía que lo orientaba era una política distributiva y no productiva. La bendita “distribución de la riqueza” ya creada y como si fuera una torta inagotable a la que solo hay que repartir con ecuanimidad.
Esa fórmula suicida nos sumió en un nuevo fracaso, como tantos, en estos años de vueltas de rotonda.
Los compromisos con la izquierda que en su momento Perón asumió desde su exilio, pesaron mas de lo que él mismo había previsto.
Una ley de contratos de trabajo inauguró una nueva palabra: “ausentismo”. Un rígido control de precios artificial produjo el desabastecimiento y el mercado negro. Una mayoría total en el congreso y la apatía generalizada de la oposición hicieron del palacio legislativo una máquina paquidérmica (como cuando lo llamamos escribanía).
Los argentinos habían optado por una opción popular que parecía tener en sus manos la formula “mágica” para la solución de los problemas… lástima la fórmula económica empleada. Una vez mas el voluntarismo, pensamiento mágico, relato épico y violencia nos pincharon el globo.
El viento se puso de la puerta. La filosofía de la distribución acabó con el mecanismo de la creación de riqueza. Una ley de inversiones extranjeras estrangulaba la posibilidad de apertura a nuevos capitales.
Un déficit impresionante de las empresas del estado agotaba los escasos recursos monetarios. El estado perdía y crecía. Las tres bases que sustentaban ese proyecto se des balancearon y Estado-trabajadores-empresarios se desnivelaron hacia el sector exclusivo de los sindicatos que hicieron fracasar todos los intentos de planes económicos.
Todo muy familiar no? Siempre la misma cantinela.
Los encuentros Perón-Balbín fueron un capítulo aparte en los 1035 dramáticos días de peronismo. Se acercaron, depusieron antagonismos, dialogaron, trataron de llegar a acuerdos. Todo fue estéril, ¿no había base sobre lo cual construir?
“Con éste voy a cualquier parte” dijo Perón con Balbín del brazo, pero no fue ni a la esquina.
El 19 de enero de 1974 un grupo extremista intenta copar la unidad blindada C-10 Húsares de Pueyrredón, en Azul. Los efectivos rechazan el ataque. Mueren el jefe de la unidad Camilo Gay y su esposa Hilda Cassaux. Secuestran al teniente coronel Jorge Ibarzabal.
Mientras escribo miro la foto del hijo del coronel velando a sus padres. La cara de Camilo Carlos Gay resume la tragedia.
Diez meses después, el asesinato del teniente coronel Ibarzabal cerraría uno de los episodios mas sombríos de la guerrilla en la Argentina. Si Perón pensó que con la juventud maravillosa iría a cualquier parte, solo fue al infierno. Y nos llevó a todos los argentinos.
En la revista “La causa Peronista” del 3 de septiembre de 1974, para conmemorar el día del Montonero que sería el 7 de septiembre, Mario Firmenich y Norma Arrostito cuentan: “Como murió Aramburu”
Esta revista, que se publicó con esa tapa, su apelación, su nota central que me exime de palabras era una Argentina que toleró y alentó un relato público con nombres y detalles macabros del asesinato de Pedro Eugenio Aramburu. Un símbolo de la época, triste, dramática.
-General, el tribunal lo ha sentenciado a muerte. Va a ser ejecutado en media hora.
-Cuando pasó la media hora lo desamarramos, lo sentamos en la cama y le atamos las manos en la espalda.
-Pidió que le atáramos los cordones de los zapatos. Lo hicimos. Preguntó si se podía afeitar. Se le comunicó que no había utensillos. Lo llevamos a un pasillo interno de la casa en dirección al sótano. Pidió un confesor . Le dijimos que no podíamos traer un confesor porque las rutas estaban controladas.
-Si no pueden traer un confesor, dijo el general, como van a sacar mi cadáver? ¿Qué va a pasar con mi familia?
-Se le dijo que no teníamos nada contra ella y que sus pertenencias les serían enviadas.
Avanzó tres pasos mas hasta la puerta del sótano y dijo: Ah, me van a matar en el sótano.
-Bajamos, le pusimos un pañuelo en la boca y lo colocamos contra la pared. El sótano era muy chico y la ejecución debía ser a pistola.
-Fernando tomó sobre si la tarea de ejecutarlo. Para él, el jefe debía asumir la mayor responsabilidad. A mi me mandó arriba a golpear sobre una morsa para disimular los disparos.
-General, dijo Fernando, vamos a proceder.
-Proceda.
-Fernando disparó la pistola 9 milímetros al pecho. Después hubo dos tiros de gracia con la misma arma y un tercero con una 45. Fernando lo tapó con una manta. Nadie se animó a destaparlo mientras cavábamos el pozo para enterrarlo.
Este relato escalofriante que leí siendo un niño y nunca mas pude olvidar, me marcó para siempre.
Es para mi una historia muy especial porque ocurrió en mi nariz. A Aramburu lo secuestraron enfrente de mi colegio. Él vivía en la calle Montevideo, enfrente del colegio Champagnat al que me mandaron 2 años por inundación en Pehuajó. Desde la ventana del salón de música donde el hermano Franco nos enseñaba solfeo, se podía ver la puerta del domicilio particular desde donde se habían llevado al general a la luz del día, como panchos por su casa con total impunidad.
Lo mataron a 70 km del campo de mi padre, en Timote, partido de Carlos Tejedor, los pagos de Emilio Monzó que hoy juega en el equipo del PRO.
Convivimos en medio de un drama demencial. Las cosas pasan ante nuestra nariz y nunca vemos nada hasta que después…. Ya es tarde.
Perón era el presidente el día que Firmenich y Arrostito publicaban esta nota. Perón era sostenido por esta “juventud maravillosa” a la que había alentado desde el exilio para poder regresar con “banca“.
La situación pasaba de castaño a oscuro y llegaba el momento de rajar de la plaza a los imberbes.
Hasta el próximo domingo.
jmp
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